22 jun. 2018

La maldición de Belmira



Aún en Colombia, pocos han oído hablar alguna vez de Belmira. Se trata de un pequeño municipio ubicado en el noroccidente de Antioquia, departamento, a su vez, ubicado en el noroccidente del país. Por generaciones, se ha tratado de una tierra pacífica, productora de leche, papa y trucha y reconocida por sus bellos paisajes. Pero también, entre los mismos habitantes, siempre ha corrido el rumor de que se trata de una tierra maldita. Casi desde la fundación misma del municipio, hacia finales del siglo XVII, comenzó a aparecer una extraña enfermedad en los habitantes de la región. Comenzaba como molestias temporales, pequeños olvidos, faltas de atención. Pronto, evolucionaba a un serio caso de demencia: las personas eran incapaces de recordar su nombre, su casa, incluso como vestirse o comer. Eventualmente esto llevaba a su muerte.
Las leyendas locales trazaban el origen de la maldición a un antiguo sacerdote que harto de los pecados y la indiferencia de la población maldijo todo aquel que tocase un árbol embrujado a perder la memoria al punto de olvidar incluso a sus padres y a sus hijos.
Desde entonces, la maldición se extendió por los municipios de los alrededores, pero fue Belmira siempre el núcleo desde el cual partió y en donde encontró su mayor fortaleza. Belmira, pueblo maldito, ciudad de pecadores.
O al menos, eso se creyó hasta hace relativamente poco tiempo.
Francisco Lopera y el Alzheimer
En 1982 un joven médico que se encontraba haciendo sus prácticas recibió un extraño caso: un paciente de apenas 45 con un avanzado caso de pérdida de memoria. El joven, llamado Francisco Lopera, realizó un diagnóstico relativamente rápido: se trataba de un caso de Alzheimer. Quedaba por explicar el extraño desarrollo de la enfermedad, que normalmente aparece a los 60 o 65 años.
Pero Lopera pronto quedó atónito ante la explicación: es un mal de todo el pueblo.

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