22 jun 2018

La leyenda de la casa de los espejos en Cadiz



Fantasma en el espejo
Las leyendas urbanas son así, la mayoría de las veces piensas es imposible esto no es más que un cuento para supersticiosos. Pero lo cierto es que tras cada leyenda urbana, a pesar de las exageraciones, existe algo basado en hechos reales. Es precisamente esa base real la que nos hace estremecer, la que nos hace pensar y cuestionarnos sobre que aspectos de la leyenda serán verdad y cuales serán las deformaciones propias del boca a boca.
Hoy hablaremos de una de esas leyendas urbanas. Una leyenda que a pesar de estar ubicada en Cádiz, bien podría haber sucedido en cualquier otro lugar del mundo. No obstante, según cuentan, la verdadera ubicación de la casa de los espejos es precisamente la zona costera de esta ciudad, en la Alameda Apocada, junto al monumento del Marqués de Comillas.
En este lugar existe un caserón, que a pesar de las posteriores reformas y rehabilitación como viviendas de lujo, pasó mucho tiempo abandonado. Este edificio, aunque bello por fuera, escondía y esconde una historia trágica que baña sus paredes y cristales de sangre.
Según la leyenda, en esta casa vivía hace mucho tiempo un reconocido almirante y su esposa junto a su hija pequeña. El almirante sentía auténtica devoción por su hija, a la que mimaba y consentía con todos los caprichos que esta le demandaba.
A cada uno de sus regresos, el almirante sorprendía a la pequeña con un espejo de cada uno de los lugares en los que había estado. Esos espejos fueron llenando durante años la casa de la familia. Aumentando cada vez más su número, al mismo tiempo que la belleza de la joven que poco a poco iba floreciendo.
Orgulloso de su ya adolescente hija, el almirante no dudaba en presumir de su belleza delante de todos sus amigos, algo que parece ser a la madre de la misma no gustaba demasiado. Y es que esta mujer había comenzado a sentir el implacable peso de los celos. Una angustia vital que aumentaba con el paso de los años relegándola a un segundo plano mientras su hija seguía ganándose el corazón de su esposo.
A raíz de esa envidia la madre y la hija comenzaron a tener discusiones casi diarias. La casa, durante las ausencias del padre, se convertía en un auténtico campo de batalla en la que ambas se lanzaban gritos y reproches sin parar. La situación se había vuelto completamente insostenible, y los celos de la esposa del almirante llegaron a un punto límite, decidió envenenar a su hija.
Al regreso del padre, la versión oficial fue que la niña había muerto de una rara enfermedad. Algo que al parecer creyó. Lo cierto es que la mujer la había estado envenenando poco a poco en cada una de las comidas, algo que le causó una muerte lenta y angustiosa.
El dolor del pobre hombre no tenía fin, lloraba por las esquinas, por las habitaciones de su hija. Miraba día tras días los espejos que él mismo había regalado a su pequeña. Espejos que un día reflejaron su belleza y que ahora sólo mostraban un rostro lleno de angustia y desesperación.
Uno de esos días en los que el almirante estaba sollozando en el cuarto de su hija uno de los espejos comenzó a reflejar algo extraño. Al fijarse bien se dio cuenta de que su hija estaba dentro, o más bien la imagen fantasmagórica de esta, y parecía querer darle un mensaje. La niña contó a su padre lo que había pasado, quien había sido realmente su verdugo. Y el padre entró en cólera ante la noticia.
La leyenda cuenta que el almirante obligó a su esposa a confesar el crimen que había cometido. Algo que hizo que la mujer terminara el resto de sus días entre rejas. No obstante, el dolor del padre no pareció conocer fin, así que cansado de los viejos recuerdos del caserón decidió partir a un lugar lejano para poder olvidar.
Durante el tiempo que la casa permaneció vacía, los testimonios de jóvenes que habían entrado merodeando y habían visto la imagen de la niña reflejada en espejos son cientos. Historias contadas supuestamente en primera persona, que narraban como la muchacha aparecía con un semblante lleno de ira y como los chicos salían automáticamente corriendo de la casa, ninguno de ellos se atrevía a entrar por segunda vez.
A pesar de que en la actualidad el lugar ha cambiado de dueños y ha sido aprovechado para construir casas de lujo, lo cierto es que muchos aseguran que el espíritu de la niña sigue encerrado en el edificio. Algo que seguramente nunca sabremos a ciencia cierta si no experimentamos una noche dentro de este, eso sí, quizá sin los cientos de espejos que antiguamente cubrían sus paredes no sea ni la mitad de tétrico… ¿o sí?

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