martes, 8 de agosto de 2017

Monasterio Cartujano de nuestra señora de Aniago



El monasterio Cartujano de nuestra señora de Aniago se encuentra muy cerca de Villanueva de Duero, junto a la desembocadura del río Adaja.
Lo primero que hay que decir, es que las ruinas de la Cartuja de Aniago se encuentran dentro de una finca agrícola particular y valladas en casi todo su perímetro, por lo que su acceso no es fácil.
Centrándonos en su historia, los Jerónimos se instalaron en el S.XII. A principios del S.XIV Aniago era un pequeño pueblo que pertenecía a Valladolid, este en 1365 lo vendió a la Reina Dª Juana, y once años después en 1376, la reina lo dono a Fray Pedro Fernández, prior del monasterio de San Jerónimo de la Fita, para que fundase un convento de su orden, la de San Agustín. Sin llegarse a fundar, este convento se vende en 1409 a D. Joaquín Vázquez de Cepeda, obispo de Segovia, para que se fundara allí un monasterio de Canónigos. En 1436, D. Joaquín Vázquez de Cepeda otorgó testamento nombrando patrona del lugar a la reina Dª María de Aragón, esposa del rey D. Juan II de Castilla. La reina decidió levantar un nuevo monasterio cartujano que se fundó en 1441.
La Cartuja de Aniago es la única construcción de esa orden en Valladolid. Condición que mantuvo hasta la desamortización de Mendizábal en 1835, que pasó a manos de un particular.
¿Qué podemos ver en Aniago? Pues lo primero que se ve y más destaca es la espadaña de unos 22 metros de altura, que pertenece a una iglesia de estilo gótico y planta cuadrada, la cual todavía mantiene escayolas y motivos decorativos.





















Harinera Navas de la Asuncion (abandonada)






























martes, 1 de agosto de 2017

Fuerte de Gracia (Elvas)



Elvas es una de las pocas ciudades europeas que ha conseguido mantener gran parte de sus murallas medievales y la totalidad de su fortificación abaluartada. Este entramado defensivo se reforzó con dos fuertes exteriores situados en sendas colinas que cobijan la ciudad: Santa Luzía y Nuestra Señora de Gracia. Hoy nos adentramos en el segundo, conocido como Forte do Graça o Conde de Lippe. A pesar de que actualmente el fuerte se encuentra en ruinas –la Cámara Municipal de Elvas pretende terminar su restauración en septiembre de 2015-, sus numerosas heridas de guerra nos hacen retroceder en el tiempo cual capítulo de Juego de Tronos. Cabe decir que la fortificación abaluartada junto con sus fuertes exteriores, una vez completada en toda su extensión, jamás fue tomada por el enemigo. Este hecho tiene doble mérito si consideramos la situación geográfica de Elvas como ciudad fronteriza con España, siendo carne de cañón de sitios y asedios por las tropas españolas durante la Guerra de la Restauración, Guerra de los Siete Años, y Guerra de la Independencia Española o Guerra Peninsular. El tanto va el cántaro a la fuente… parece ser que nunca formó parte del refranero popular de los que entonces habitaban esta ciudad del Alto Alentejo. Tal es el caso que según los expertos las fortificaciones de Elvas la convierten en la más poderosa de Europa, al ser considerada como inexpugnable. Seguramente méritos suficientes para ganarse el reconcomiendo de Patrimonio de la Humanidad que le otorgó la Unesco en 2012. Forte do Graça o Conde de Lippe
Esta sinuosa fortaleza del S. XVIII, se levanta sobre el Cerro de Nuestra Señora de Gracia, situado al norte de la plaza fuerte de Elvas. En el contexto de la Guerra de la Restauración portuguesa, el ejército español al mando de Luis de Haro cercó y atacó Elvas en la batalla de las Líneas de Elvas 1659. Colocando dos cañones que bombardeaban la ciudad desde la cima del cerro, los contendientes españoles causaron muchas bajas en el bando portugués gracias a esta elevada posición estratégica.
Un siglo más tarde, durante la Guerra de los Siete Años, la ciudad sufrió otro asedio desencadenando que el rey José I se planteara una reorganización de la plaza fuerte de Elvas. Marqués de Pombal, secretario de Estado, recurrió a Wilhelm von Schaumburg-Lippe para resolver este gran problema al que los portugueses no encontraban solución. El conde de Lippe utilizó el sentido común que parecía faltarle a los lusitanos y propuso defender la ciudad desde recintos exteriores igualmente fortificados; y así, nacieron ambos fuertes situados en sendas colinas. El fuerte también resistió el asedio de las tropas españolas durante la llamada Guerra de las Naranjas (1801), y más tarde, durante la Guerra Peninsular, las tropas napoleónicas del general Nicolas Jean de Dieu Soult lo bombardearon sin llegar a tomarlo.
La construcción se inició en 1763, finalizándose 30 años después. Las obras de este fuerte -y todo el entramado defensivo de la ciudad- fueron encomendadas al General Rui Correia Lucas que actuó de hombre orquesta para construir una majestuosa fortificación, adaptando la ingeniería defensiva a las tácticas militares y artilleras de entonces.
El fuerte cuenta con una única puerta de acceso, conocida como Puerta del Dragao. Sobre su dintel dos cañones cruzados recuerdan las piezas españolas que tantas bajas causaron en la batalla de las Líneas de Elvas. Tras atravesar el primer foso y salvar un puente levadizo, otra monumental puerta cruza la imponente Magistral: construcción en forma de estrella formada por cuatro baluartes -Badajoz, Elvas, Santo Amaro, y Mafra-. Por último, llegamos al Reduto central donde encontramos tres plantas iglesia, casa junto con el comedor, y palacio del gobernador tras las mencionadas batallas y heridas de guerra que el Forte do Graça ha ido acumulando con el paso de los años, éste mantuvo su espíritu bélico al convertirse en prisión militar más tarde. En la actualidad, se encuentra cerrado al público y su acceso está restringido a no ser que se cuente con un permiso especial que ha de solicitarse a las autoridades militares de Estremoz.Sin embargo, el Forte de Santa Luzia, el más accesible y cercano a la ciudad de Elvas, está abierto al público junto con el Museo Militar situado en su interior. Las vistas desde este otro fuerte también son maravillosas, pero el hecho de estar “habitado” le resta muchos puntos cuando lo comparamos con el de Graça. Hasta que los trabajos de restauración lleguen a su fin , los portugueses seguirán presumiendo de este fuerte que sufrió numerosos ataques y asedios por el ejército español y el francés y jamás fue tomado por el enemigo. No les importó que nos adueñásemos de su Pagapouco por una temporada, tampoco que consideremos las toallas portuguesas parte de nuestra industria textil de tanto comprarlas; pero siempre defenderán a capa y espada que nunca fuimos lo suficientemente cabezotas de arrebatarles el Forte do Graça.

























































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