22 jun. 2018

El arbol maldito de Casandra





Era Casandra una jovencita canaria adolescente de unos 15 años perdidamente enamorada de Iván, un chico de su misma edad. Todos conocían su idílica relación, aquella íntima amistad que los llevaba a compartir interminables momentos bajo un frondoso árbol. Pero no era tiempos buenos para relaciones adolescentes; la prudencia debía invitar a la calma; la calma a la astucia y la astucia a la paciencia para descubrir los momentos propicios para encuentros furtivos. Sin embargo, el primer amor siempre es descuidado, y los descuidos son buenos compañeros de las envidias ajenas, los prejuicios y las venganzas.
Nadie en su localidad veía la relación con buenos ojos. La tachaban de insana, de antinatural y pronto, su familia se vio señalada. Aturdido y no menos enojado, el padre de Casandra decidió acabar drásticamente con aquella situación pues tal deshonor familiar exigía la muerte del amado. Así, Iván abandonó este mundo a manos del padre de Casandra.
Desolada y al mismo tiempo resentida contra su padre, Casandra decidió vengarse de su padre pactando con el Diablo, pero una vez más el descuido la condenó. Sus deseos de venganza fueron descubiertos y ante, tal pacto con Lucifer, Casandra fue acusada de bruja y quemada bajo el mismo árbol que fue testigo del amor de ambos jóvenes.
Dicen los del lugar que aún hoy día, de cuando en cuando, se escuchan los gritos de una joven y que junto al árbol es posible escuchar cadenas arrastrándose sujetando el alma en pena de Casandra que aún vaga por aquel lugar.
Versión alternativa de la historia de Casandra y el árbol maldito
Hay no obstante una segunda versión de esta leyenda de Casandra que, si bien acaba con los mismos resultados, presenta unos hechos muy diferentes.
Dices estas otras lenguas que, fruto de aquella relación entre Casandra e Iván, nacieron dos mellizos. Pero quizás producto de una crisis emocional tras el parto o quizás de las propias inseguridades de la chica, Casandra comenzó a dudar del amor de Iván cuando ésta envejeciera y perdiera su belleza. Decidió entonces invocar al Diablo para pedirle belleza eterna, pero éste, sibilino como siempre, solo le concedió el deseo a cambio de la vida de sus dos mellizos.
Casandra no lo dudó un instante y marchó hacia el árbol testigo de su amor con los dos niños en brazos. Mas cuando se disponía a darles muerte apareció Iván. Enloquecido, el amante de Casandra y padre de aquellas dos criaturas se abalanzó sobre la chica, la ató al árbol y allí mismo la quemó. Los niños se salvaron pero el alma de Casandra quedó para siempre atado a aquel árbol, gritando eternamente por el dolor de sus quemaduras y, sobre todo, por la pena de haber intentado matar a sus propios hijos.
En aquel árbol, el árbol de Casandra que se levanta majestuoso en el centro de la isla de Gran Canaria, en la zona de la Presa de las Niñas, aún aparece a veces un corazón tallado en su corteza con los nombres de Casandra e Iván inscritos en él.
Pero no todos son capaces de verlo…

La leyenda de la casa de los espejos en Cadiz



Fantasma en el espejo
Las leyendas urbanas son así, la mayoría de las veces piensas es imposible esto no es más que un cuento para supersticiosos. Pero lo cierto es que tras cada leyenda urbana, a pesar de las exageraciones, existe algo basado en hechos reales. Es precisamente esa base real la que nos hace estremecer, la que nos hace pensar y cuestionarnos sobre que aspectos de la leyenda serán verdad y cuales serán las deformaciones propias del boca a boca.
Hoy hablaremos de una de esas leyendas urbanas. Una leyenda que a pesar de estar ubicada en Cádiz, bien podría haber sucedido en cualquier otro lugar del mundo. No obstante, según cuentan, la verdadera ubicación de la casa de los espejos es precisamente la zona costera de esta ciudad, en la Alameda Apocada, junto al monumento del Marqués de Comillas.
En este lugar existe un caserón, que a pesar de las posteriores reformas y rehabilitación como viviendas de lujo, pasó mucho tiempo abandonado. Este edificio, aunque bello por fuera, escondía y esconde una historia trágica que baña sus paredes y cristales de sangre.
Según la leyenda, en esta casa vivía hace mucho tiempo un reconocido almirante y su esposa junto a su hija pequeña. El almirante sentía auténtica devoción por su hija, a la que mimaba y consentía con todos los caprichos que esta le demandaba.
A cada uno de sus regresos, el almirante sorprendía a la pequeña con un espejo de cada uno de los lugares en los que había estado. Esos espejos fueron llenando durante años la casa de la familia. Aumentando cada vez más su número, al mismo tiempo que la belleza de la joven que poco a poco iba floreciendo.
Orgulloso de su ya adolescente hija, el almirante no dudaba en presumir de su belleza delante de todos sus amigos, algo que parece ser a la madre de la misma no gustaba demasiado. Y es que esta mujer había comenzado a sentir el implacable peso de los celos. Una angustia vital que aumentaba con el paso de los años relegándola a un segundo plano mientras su hija seguía ganándose el corazón de su esposo.
A raíz de esa envidia la madre y la hija comenzaron a tener discusiones casi diarias. La casa, durante las ausencias del padre, se convertía en un auténtico campo de batalla en la que ambas se lanzaban gritos y reproches sin parar. La situación se había vuelto completamente insostenible, y los celos de la esposa del almirante llegaron a un punto límite, decidió envenenar a su hija.
Al regreso del padre, la versión oficial fue que la niña había muerto de una rara enfermedad. Algo que al parecer creyó. Lo cierto es que la mujer la había estado envenenando poco a poco en cada una de las comidas, algo que le causó una muerte lenta y angustiosa.
El dolor del pobre hombre no tenía fin, lloraba por las esquinas, por las habitaciones de su hija. Miraba día tras días los espejos que él mismo había regalado a su pequeña. Espejos que un día reflejaron su belleza y que ahora sólo mostraban un rostro lleno de angustia y desesperación.
Uno de esos días en los que el almirante estaba sollozando en el cuarto de su hija uno de los espejos comenzó a reflejar algo extraño. Al fijarse bien se dio cuenta de que su hija estaba dentro, o más bien la imagen fantasmagórica de esta, y parecía querer darle un mensaje. La niña contó a su padre lo que había pasado, quien había sido realmente su verdugo. Y el padre entró en cólera ante la noticia.
La leyenda cuenta que el almirante obligó a su esposa a confesar el crimen que había cometido. Algo que hizo que la mujer terminara el resto de sus días entre rejas. No obstante, el dolor del padre no pareció conocer fin, así que cansado de los viejos recuerdos del caserón decidió partir a un lugar lejano para poder olvidar.
Durante el tiempo que la casa permaneció vacía, los testimonios de jóvenes que habían entrado merodeando y habían visto la imagen de la niña reflejada en espejos son cientos. Historias contadas supuestamente en primera persona, que narraban como la muchacha aparecía con un semblante lleno de ira y como los chicos salían automáticamente corriendo de la casa, ninguno de ellos se atrevía a entrar por segunda vez.
A pesar de que en la actualidad el lugar ha cambiado de dueños y ha sido aprovechado para construir casas de lujo, lo cierto es que muchos aseguran que el espíritu de la niña sigue encerrado en el edificio. Algo que seguramente nunca sabremos a ciencia cierta si no experimentamos una noche dentro de este, eso sí, quizá sin los cientos de espejos que antiguamente cubrían sus paredes no sea ni la mitad de tétrico… ¿o sí?

20 jun. 2018

El Alfaquí



La convivencia de “tres culturas” en Toledo no fue tan fácil como algunos intentan hacernos ver… Como en otras ocasiones hemos narrado en estas mismas páginas, las leyendas son el reflejo de las tensiones entre los pueblos que poblaban la ciudad y no siempre de forma negativa, como observamos en “El Alfaquí” de Toledo.La noche de los tiempos cubre con su manto las crónicas que los historiadores mantienen sobre Toledo. El tiempo todo lo intenta ocultar, o trastocar, o interpretar a la manera que los hombres, siglo tras siglo, lo transmiten.Es tradición en Toledo que hacia 1086, cuando Alfonso VI penetró los muros toledanos, tras sitio de la ciudad y posterior acuerdo con los regentes musulmanes que dominaban estas tierras, permitió que el culto de éstos permaneciera en la ciudad, con el respeto firmado por ambos a la “mezquita aljama”, anteriormente recinto cristiano levantado por los Visigodos y modificado por los invasores musulmanes como su recinto sagrado más importante en Toledo y futura catedral toledana. Una noche en la que el monarca se encontraba fuera de la ciudad, cuenta la leyenda que la Reina Constanza y el arzobispo Bernardo, ignorando la voluntad soberana violentaron el templo árabe llevando a numerosos partidarios a derribar las puertas del templo y colocar una campana en su alminar, así como un altar, dando así por sagrado para el culto cristiano el templo que hasta ese momento servía como mezquita mayor de Toledo.Ante la burla del poder real, Alfonso VI lo tuvo en gran agravio, condenando a muerte a numerosos participantes en la tropelía, si bien su ira fue calmada, según las crónicas, por los propios musulmanes, a cuya cabeza figuraba uno de los principales caudillos, el alfaquí Abu-Walid, que solicitó el perdón real para todos los asaltantes y aceptó la consagración cristiana de la mezquita.Este hecho, que no figura realmente en ninguna crónica que lo haga verídico, y que se ha transmitido como leyenda verbal durante siglos hasta llegar a nosotros, es complejo que se produjera. Cierto es que en la época de la “reconquista” de Toledo subsistieran numerosos musulmanes que permanecerían en la ciudad como mudéjares, respetando muy posiblemente el culto que éstos profesaban. Ya en los “Anales toledanos primeros”, hacia el 1159, se narra cómo los cristianos se apoderaron de la iglesia de San Salvador, que “era de moros”. Pero también es cierto que, dados los tiempos que corrían, es muy posible que Alfonso VI, una vez conquistado Toledo, bien por la fuerza o por la capitulación, tendiera a recuperar de forma inmediata la que conocían por la tradición había sido la iglesia mayor de sus antepasados visigóticos.Sobre esta consagración forzosa de la mezquita mayor toledana, que narra la leyenda, en la catedral toledana, en su capilla mayor (poste central del lado de la Epístola) se puede observar una supuesta imagen de Abu-Walid, una talla de la efigie de este personaje, como recuerdo y gratitud hacia este hecho narrado. Aunque algunos no ven más que la imagen de un sacerdote de aspecto musulmán“Alfaquí”  “Doctor o sabio de la ley entre los musulmanes”Imagen: estatua ecuestre dedicada a Alfonso VI en una de las principales entradas a la ciudad, con mayor o menor fortuna, según el punto de vista del que la mire…

La leyenda de la Venta del Alma


Un día, sin embargo, Laura se levantó más tarde que de ordinario; apenas quiso probar nada del modesto almuerzo y ni una sola canción se le oyó durante toda la mañana; cuando después de la comida su padre le hizo notar su distracción en que parecía sumida, ella hizo un esfuerzo para sonreírse, colgó sus manos de los hombros de Gaspar alzándose de puntillas para besarle en la boca y echó a correr hacia su cuarto dejando escapar sus primeras lágrimas a duras penas contenidas.
Aquella noche, cualquiera que a las doce hubiera pasado por el camino, habría visto en la más alta ventana de la casa, medio oculta tras la multitud de flores que sobre el alféizar se apoyan, una blanca figura con la mirada fija en el horizonte y las blancas manos cruzadas y caídas sobre su falda: era Laura que comenzaba a comprender demasiado tarde la amargura de la vida y sufría las consecuencias de su buena fe; era Laura, de cuyos párpados había huido el sueño, ese sueño tranquilo de la inocencia, tal vez para siempre.
Cuando las primeras luces del alba arrancaron a las montañas la negra túnica con que durante la noche se habían envuelto, la muchacha secó sus mejillas y asomando otra vez la sonrisa a sus labios preparase a ofrecer el vaso de vino a sus parroquianos. Al separarse de la ventana las flores plegaron sus pétalos entristecidos; aquella noche había sido la primera noche que su dueña se olvidó de regarlas.
Pasó algún tiempo y la murmuración fue haciendo presa en la familia de la venta. Cuando los caminantes desataban las bestias de las anillas de la tapia y seguían en su ruta solían oírse diálogos como estos: ¿Qué te parece, Jaime? ¿será verdad lo que dicen?
Hombre yo no sé, pero a Laura la pasa algo. ¡Eso es indudable! Ella ha ido perdiendo poco a poco el color de sus mejillas, ya no se la oye nunca cantar y cuando la decimos lo que todos los hombres dicen a las muchachas buenas y bonitas calle y se sonríe, de un modo que parte el corazón al mirarla.
 Podrá ser verdad que su padre se haya empeñado en casarla con ese viejo judío que presta dinero a los nobles, pero Gaspar es rico y quiere demasiado a su hija para venderla de ese modo; yo creo que es otra cosa lo que la muchacha tiene. ¿Qué crees, que está enamorada?
 Eso, pero no enamorada como Dios manda, porque entonces estaría contenta y alegre, en vez de estar triste y pesarosa… ¿Tú no te acuerdas de un muchacho, alto, sin pelo en la cara, que hace dos o tres meses venía todas las tardes al ponerse el sol a la venta, y que pasaba como criado de los condes de Gama? Yo no sé por qué, pero nunca he creído que lo fuese; siempre que le observaba veía, a través del tosco paño que le cubría, algo que él tenía interés en ocultar; a mí me ha parecido siempre que Martín, como él se llamaba, no era el hijo del pueblo criado en la calle, pobre de saber y de fortuna, si no el hijo del noble, educado en los salones, y corrompido y viciado, como casi todos los de su clase; y es más, para mí ese Martín no sólo llegó a interesar a Laura sino que después de conseguir su deseo se ha burlado de ella, riéndose de sus lágrimas. Y no creas que es el despecho por sus desprecios el que me hace hablar así, no. Una tarde, yo estaba arreglando un poco el aparejo de esta mula; Martín, sentado en el poyo de la venta golpeaba, como aburrido, con las uñas de su mano la tripa del jarro que con la izquierda sustentaba, y Laura, de pie, apoyada contra el marco de la puerta, miraba distraída las azuladas venas de su mano; de vez en cuando, él cesaba de golpear, alzaban ambos la cabeza y se encontraban sus ojos; una de esas veces, yo también alcé la mía, y por entre las dos orejas de la mula, vi lo que nunca he podido apartar de mi imaginación; ella estaba mirándole, pero no con esa mirada tranquila que todos conocemos; tenían sus ojos esa expresión que yo sentí el amor y los celos al mismo tiempo; sus labios se movieron como si articulasen una súplica, sin que llegase la voz a mi oído, y entonces Martín, murmuró algo que yo no pude entender, pero que dejaba adivinar el desdén y el hastío. Cuando le vi dirigirse hacia el interior del corral, cantando, mientras ella volvía a inclinar la cabeza hacia el suelo conteniendo una lágrima, créeme Jaime, le hubiera despedazado entre mis manos. Desde ese día, ni Martín ha vuelto a aquella casa, ni el color a las mejillas de Laura, pero en cambio, ella está ojerosa y triste, y en la venta ni a los pájaros se les oye cantar.
 ¡Pobre muchacha!
Ambos callaron, y arreando a las caballerías continuaron silenciosos su camino. Qué había sucedido mientras tanto en la familia de la venta? Lo que el amigo de Jamie había sospechado en verdad.
Laura, fiada en la promesa de Martín; había esperado en vano su vuelta; pero los meses iban sucediéndose unos a otros y las consecuencias de su falta comenzaban a hacerse visibles. Iba a llegar un día en que fuera posible ocultar por más tiempo su estado y Laura sabía que entonces su anciano padre moriría de vergüenza. ¡Cuán amargos pasaron aquellos días para ella!
Una mañana, cansada de luchar y decidida a todo, llamó al mozo de la venta; él era el único que conocía aquellos amores: criado desde niño en aquella casa, era para Laura como hermano. Antón fue a la ciudad y pasó en ella casi todo el resto del día. Cuando al caer la tarde volvía a la casa, Laura, que le esperaba en la puerta, se adelantó a recibirle: ¿Qué has averiguado? –le dijo:
No lo quieras saber, Laura.
 Martín te ha engañado miserablemente. Ni es servidor de los condes de Gama, ni ha permanecido en Toledo más tiempo que el necesario para perderte: hijo de una de las más nobles familias de Valladolid, hace dos años partió a su patria y desde entonces no ha vuelto a saberse de él. ¿Quieres creerme? Cuéntale a tu padre tu desgracia; te ama demasiado para no perdonarte; mientras tanto y oiré a buscarle y ¡ay de él! Si se niega a cumplirte en promesa.
Laura inclinó la cabeza y guardó silencio.
Se ignora si la hija del ventero, siguiendo el consejo de Antón, contó a su padre la historia de sus tristes amores; sólo se sabe que cuando a la mañana siguiente, asustados por su tardanza, llamaron a su cuarto, estaba muerta.
Aquél mismo día, cuando el cadáver de Laura salió al camino entre una multitud que lloraba su muerte, las puertas de la venta se cerraron para siempre. El ventero, triste y cabizbajo siguió al fúnebre cortejo de su hija, sin que desde entonces haya vuelto a aparecer por aquél sitio.
Algunos días después, el ermitaño de la Virgen de la Cabeza, concluida la fiesta de Polán, volvía a su casa contento y legre: como la noche estaba hermosa y la luna iluminaba espléndidamente la tierra, había aprovechado aquellas horas para tornar a su ermita, y ya estaba cerca de ella cuando al llegar al sitio en donde arrancaba el camino que conduce a la Virgen del Valle no pudo menos que detenerse asombrado; en el silencio de la noche le había parecido oír una voz que desde la venta entonaba un cantar; él sabía que aquella casa estaba desierta y por eso no dejó de extrañarle; adelantase algunos pasos, puso la mano en su oído para recoger mejor los sonidos y prestó atención: el cantar volvió a repetirse, pero el ermitaño sólo pudo oír de él los dos últimos versos que decían:
Él me prometió venir
Y cumplirá su promesa.
No cabía duda, aquella voz era la de Laura, él la había oído tantas veces que no podía confundirla con ninguna otra. Cuando la última palabra de la canción se perdió en el espacio, el buen hombre sintió correr un sudor frío por todo su cuerpo, sus piernas comenzaron a temblar y casi estuvo a punto de caer al suelo desfallecido; sin embargo, hizo un esfuerzo, venció algo el miedo que le dominaba y se adelantó algunos pasos más; la luna iluminaba la fachada de la venta; a su puerta, sentada en la orilla del banco de piedra que corría a uno de los lados de la casa, apoyado su cuerpo sobre el brazo, la cabeza hacia atrás y sus hundidas pupilas fijas en el espacio, había una mujer; no bien el ermitaño la distinguió exhaló un grito y echó a correr en dirección contraria a la que hasta entonces había seguido, hasta que desfalleció y horrorizado dio con su cuerpo en mitad del camino.
Desde entonces nadie se atrevía a cruzar por aquellos alrededores mientras la noche envolvía con las sombras la ciudad, y aun los que durante el día pasaban por la venta, supersticiosos todos, se santiguaban al llegar a su puerta, sin tener valor aún de volver hacia ella la cabeza.
La Venta del Alma, como siguió llamándose desde aquél día, fue durante mucho tiempo el terror de la comarca.

Pasó un año; ya la gente comenzaba a olvidar a Laura, cuando una noche los dueños de la otra venta que a alguna distancia de la del Alma se había levantado, sintieron el galopar de un caballo por el camino: lo avanzado de la hora y el temor que al alma de Laura tenían los toledanos, hizo que se asomasen a la ventana alarmados; pero cuando lo hicieron, cabello y caballero se perdían en uno de los recodos de la carretera.
Las puertas de la ciudad estaban cerradas; por allí cerca no había ninguna casa a donde pudiera ir; sin embargo, el caballero no volvió durante largo rato que estuvieron esperando y los venteros tuvieron que meterse otra vez preocupados en la cama.
A la mañana siguiente la población se levantó horrorizada; a la puerta de la Venta del Alma había un cadáver. Los que antes le habían visto no pudieron menos de reconocerle; era Martín. Ni una sola herida tenía en todo su cuerpo, ni había señales de estrangulación en su garganta; los hombres de ciencia declararon que había muerto de no sé qué cosa que ellos sólo, indudablemente, entenderían; pero lo más extraño era que, según la misma declaración, la muerte de Martín había sido producida dos o tres días antes de encontrarse el cadáver.
¿Quién le dejó allí? Nunca ha podido averiguarse.
Unos decían que Gaspar había vengado de ese modo la deshonra de su hija; otros, tal vez más acertados, suponían que Antón había llevado a cabo su ofrecimiento a Laura: lo único que había de cierto era el cadáver a la puerta de la venta y que el alma de Laura no volvió desde entonces a aparecer por sus alrededores.
Martín prometió volver y cumplió su promesa.





María de Orozco, “La Malograda”




La época en la que vivió doña María de Orozco «la Malograda» hacia la segunda mitad del siglo XIV está determinada en unos años convulsos y de crisis profundas en asuntos económicos, demográficos y sociales tanto en el aspecto feudal como en el religioso. En el plano económico, la producción no alimentaba a una población que crecía considerablemente y la mala alimentación debido a las pésimas cosechas, hacía que enfermedades como la «Peste Negra» y otras, proliferaran sin control y por otra parte esta crisis económica creó conflictos sociales tanto en el campo como en la ciudad debido al levantamiento de los campesinos contra los señores feudales o de los obreros contra sus patronos en pueblos y ciudades. También en el ámbito político los reyes no lograban recuperar el poder que en otras épocas tuvieron y esto originó no pocas luchas con la nobleza en los distintos países europeos, asunto este que también lo podríamos aplicar al terreno religioso. Pues bien, este fue el periodo en el que vivió «la Malograda», conocida por este apodo por su prematura muerte cuando aún era muy joven, aunque otros biógrafos cuentan que murió con mas edad. Sin embargo esta leyenda urbana inspiró a Gustavo Adolfo Bécquer para escribir su Rima LXXVI:
De aquella muda y pálida mujer me acuerdo y digo:
¡Oh qué amor tan callado el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!
Fue María una dama de alta cuna con varios títulos nobiliarios como los de señora de Escamilla y de Santa Olalla, hija de Íñigo López de Orozco y de Marina García de Meneses, tuvo tres maridos y de los tres enviudó y de ella descienden grandes personajes de la historia de España, tales como el cardenal Mendoza que era su nieto.
Contrajo primeras nupcias en 1374 con Martín Fernández de Guzmán (conde de Orgaz), quien le entregó como dote 20000 doblas castellanas de oro, tuvieron un hijo llamado Alvar Pérez de Guzmán que se convirtió en el heredero de los títulos. Muerto Martín Fernández, contrajo María un segundo matrimonio con Juan Rodríguez de Castañeda, que era viudo de Juana de Guzmán; era hija de este enlace Elvira de Castañeda que fue señora de Fuensalida por haber casado con don Pedro López de Ayala, personajes estos últimos que inspiraron a Bécquer para escribir su leyenda El Beso. Al morir su segundo marido Juan Rodríguez, María casó por tercera vez con Lorenzo Suárez de Figueroa, señor de Feria en Badajoz con quien tuvo tres hijos.
María de Orozco residió en Toledo en las casas pertenecientes a Suero-Téllez de Meneses y a María Meléndez que eran familia de su bisabuela materna que habían fundado a sus expensas el convento de Santa Clara la Real de Toledo el cual junto con otros antiguos monasterios como el de Santo Domingo el Real y el de las Capuchinas de Toledo, conforman en la actualidad la zona conocida como «conventual» o de los cobertizos.
Cuando murió María de Orozco, sus bienes y posesiones, se repartieron entre sus siete hijos, fruto de los tres matrimonios. Este reparto se hizo en Illescas el año 1399. Fue enterrada en la capilla del Hospital de Santiago de Toledo puesto que su último marido era maestre de la Orden; desaparecido este Hospital, sus restos se trasladaron a la capilla de Santiago del convento de San Pedro Mártir. Sin embargo Lorenzo Suárez de Figueroa decidió enterrarse en el monasterio de Santiago de la Espada que había sido fundado por él, pero al desaparecer dicho monasterio sus restos fueron trasladados a la capilla de la Universidad de Sevilla.Tras la desamortización de Mendizábal muchos conventos e instituciones desparecieron y San Pedro Mártir fue convertido de Museo Provincial y aquí fueron trasladados sepulcros de importantes personajes, entre ellos el de «la Malograda», sin embargo la idea de convertirlo en un panteón de «personajes ilustres» no cuajó, si bien aquí están enterrados Garcilaso de la Vega y su hijo Iñigo, don Pedro López de Ayala y doña Elvira de Castañeda -antes mencionados- y don Lope Gaitán y su esposa doña Guiomar de Meneses, fundadores del convento agustino de las ‘Gaitanas’, entre otros.
Al ser esposa de tres maridos y madre de siete hijos, María de Orozco «la Malograda» fue progenitora de muchos personajes, algunos muy principales como dije antes. Es imposible nombrarlos a todos, pero he querido dedicarle un capítulo aparte por haber vivido en Toledo y por estar relacionada con muchos ascendientes y descendientes que al ir emparentando con otras personalidades hicieron que esta señora no pueda ser obviada en la historia de nuestra ciudad.

Las Casas Encantadas de Toledo



Casa Encantada en Toledo

Son varias las casas de Toledo cuyos misteriosos sótanos están envueltos en el halo del maleficio. En unas se esconden tesoros y riquezas fabulosos; en otras, como la casa de las Cadenas, un judío forja de noche las cadenas que los árabes utilizan en el sur para los cristianos que luchan por la reconquista…Pero había dos casas especialmente tétricas y misteriosas, cercanas entre sí: la casa de los Templarios, que en el siglo XIII ocupaba toda la manzana a la izquierda de la iglesia de San Miguel, con la calle de la Soledad y la plazuela del Seco; los extraños monjes guerreros que habían defendido los santos lugares. después degeneraron en una secta hermética que practicaba cultos y ritos diabólicos.Y un poco más allá, en la angosta calle de las Ánimas, la casa del Duende. El caserón sombrío sólo era habitado por una vieja bruja y un judío que, al caer la noche, acogían a los más extraños personajes para celebrar infernales orgías.Ataúdes eran las mesas, sostenidas por tibias humanas, y las calaveras base de amarillentos cirios alumbrando escenas de lujuria y maleficio… Hasta que un día grandes llamaradas hicieron presa en el Actualmente, es común escuchar historias de casas encantadas en el casco antiguo de Toledo, y no sólo casas, sino en el Alcázar, en la Catedral, o en algún que otro convento. Muy conocido fue hace algunos años la historia narrada por sus propios inquilinos de una casa con “extraños visitantes” que perturbaban sus noches y hacían toda clase de fechorías…serón y ningún vecino se atrevió a atajar el fuego, considerando aquello como justo castigo del Cielo…

19 jun. 2018

La Cueva de Hércules en Toledo


Además de la tradición hermética de Hércules y los tesoros escondidos leer: El Palacio Encantado de Toledo, esta cueva posee vinculada a ella otra tradición importante, referida al último rey godo, don Rodrigo, y la caída de España en manos árabes La Cava. Estas cuevas eran el recinto misterioso cuyo ingreso estaba prohibido a los mortales y cuyo desvelamiento acarrearía grandes males. El rey don Rodrigo se atreve a entrar y con ello arrastra a la ruina a su país, que se verá invadido por los árabes. Esta tradición la recoge un personaje tan pintoresco y ajeno a Toledo como es el Marqués de Sade. En sus Crímenes del Amor recoge un cuento alegórico que titula “Rodrigo o la torre encantada”, en la que el divino marqués da su versión libre y fantaseada, pero bellísima: "Mientras el peligro aumenta, el desgraciado monarca está en vísperas de ser echado del trono; se acuerda entonces de un monumento antiguo que hay por los alrededores de Toledo, el que llaman la Torre Encantada; la opinión vulgar cree que está llena de tesoros; el príncipe corre a ella con el propósito de aprehenderlos; pero no es posible entrar en el tenebroso reducto. Una puerta de hierro provista de mil cerraduras le impide tan bien el paso, que ningún mortal ha podido todavía penetrar en ella. En lo alto de esta puerta terrible se lee en caracteres griegos: No te acerques si temes a la muerte. Rodrigo no se asusta por esto: se trata de sus Estados, toda esperanza de encontrar fondos está perdida absolutamente: manda romper las puertas y sigue adelante. El Rey, tras cruzar varias salas con las más horrendas y dantescas visiones, penetrará en los mismísimos infiernos, donde habrá de seguir su búsqueda por lagos inflamados y ríos de fuego, volcanes sangrientos, llanuras gélidas pobladas de gigantes…, hasta obtener por fin el tesoro apetecido. Pero los árabes ya están invadiendo todo su reino y un guerrero lo abate, que resulta ser Florinda la Cava


. Tan fuerte era la creencia, al acabar la Edad Media, en las cosas infernales que sucedían en los subterráneos toledanos y los monstruos que los habitaban, que el cardenal Silíceo mandó practicar un reconocimiento en las Cuevas de Hércules en 1546. Los exploradores se internaron con antorchas en los subterráneos de San Ginés; pero aparecieron demacrados y contando tan terribles historias que la extraña cueva se tapió; este suceso fue registrado en los anales toledanos. Hasta 1839 no se intentó otro reconocimiento de la cueva, a raíz de la demolición de la iglesia de San Ginés. El vizconde de Palazuelos dice en su “Guía”, escrita en 1890:«Una vez en el solar, vimos en el suelo, a la izquierda, un cuadrado boquete, ingreso de la cueva, recinto casi lleno actualmente de escombros que no impiden, sin embargo la entrada, ni hacerse cargo de lo que queda descrito. Formada por bóvedas de piedras paralelas y, semicirculares de indudable fabricación romana, unidas por arcos prácticamente cerrados. En los extremos de la estancia hay ciertos boquetes o puertas tapiadas que, sin duda, comunican con alguna bóveda inmediata. "En la actualidad, se puede descender a esta cueva gracias a la labor realizada por el equipo de Arqueólogos del Consorcio Ciudad de Toledo y el Ayuntamiento. Allí podrá observar los intentos de perforación que durante estas “visitas” se hicieron para descubrir hasta dónde llegaba la supuesta cueva. En enero de 2010 la cueva ha sido reabierta, con una nueva restauración para el disfrute de toledanos y turistas.

El Diablo Confesor





El Diablo no sólo forma parte del callejero Toledano. También la catedral aloja entre sus góticos muros una de las leyendas más infernales de la ciudad; un tema recurrente en las leyendas toledanas que ahora traemos a estas páginas con El Diablo Confesor.Era el noble Don Ángel de Arellano uno de los más conocidos y respetados de la ciudad de Toledo. Vivía con su hijo Gonzalo en un pequeño palacio en el callejón de San Pedro, en el corazón de la ciudad y no muy lejos de la Catedral. Muchos respetaban a Don Ángel por su bondad y sabiduría, y el noble perdía gran parte de su tiempo en ayudar a todo aquél que podía.Creía que con sus buenas acciones podría enterrar la mala fama que su hijo tenía en la ciudad, pues el joven, a sus pocos años ya era un ejemplo de mezquindad, maldad y todos los peores adjetivos que un noble no debería acompañar a su apellido. No había pelea en Zoco Dover en la que no se viera comprometido el honor de los Arellano, moza que no viera mancillado su honor ante la sucia verborrea del joven, apuesta económica de la que el bolsillo de Don Ángel no se repercutiera o embuste que procediera de la boca de Gonzalo. Todo lo malo que el padre había evitado durante su ya larga vida formaba parte de lo cotidiano en Don Gonzalo.Transcurrido el tiempo y cuando la paciencia del padre llegaba a su fin dio la casualidad que Gonzalo se enamoró de una bella moza, hija de un pobre pescador del Tajo. Sagrario era su nombre y su belleza sedujo el duro corazón del joven. La sencillez de la joven no sólo ablandó el corazón de Gonzalo, sino que también provocó un cambio radical en la personalidad del joven, hasta el punto de convertirse en poco tiempo en uno de los hombres más pacífico y honrado de la ciudad. Los conocidos y el propio padre no daban crédito al cambio, tan sólo explicable por la intervención divina o de algún santo que hubiera intercedido por él.Pero el dolor llegó en forma de habladurías a la casa de Don Ángel, pues al poco descubrió que la moza que pretendía su hijo era de las más pobres de la ciudad, y esta baja condición supuso un importante impedimento para que autorizara el matrimonio de su hijo. Esto provocó no pocas discusiones entre padre e hijo, tan duras que algunos vecinos oían gritos en mitad de la noche, durante el día, e incluso afirmaban haber oído en alguna ocasión el frío sonido del acero toledano saliendo de sus vainas…Un jueves santo, tras una agria discusión por el amor de la joven, Don Ángel se dirigió a la Catedral, buscando consuelo y confesar sus pecados, pero entrando en la Primada y viendo el gran número de personas que aguardaban narrar al sacerdote sus pecados, por ser día de fiesta, se desesperó, y estando decidido a abandonar el templo observó un viejo y desvencijado confesionario solitario, junto a la Puerta del Perdón, más parecido a un armario de vieja factura, al que decidió acercarse, arrodillarse y comenzar el relato de los hechos que hasta apoco después le vieron abandonar el confesionario con el semblante bañado en lágrimas, dando aspecto de estar aterrorizado y como si al mismísimo diablo hubiera visto en aquel lugar. Algunos se aproximaron al confesionario, animados también por la poca afluencia de gente al mismo y no encontraron en él a sacerdote alguno, pensando que Don Ángel se había vuelto completamente loco.La sangre caía a borbotones del cuerpo tendido en el suelo. Era la sangre de Gonzalo de Arellano, muerto acuchillado por la espalda con la daga propiedad de su propio padre. Don Ángel se entregó confesando ser el autor de los hechos y así lo confesó:Conté al sacerdote, en la Catedral, cómo Gonzalo pretendía a una joven hija de un pescador, y esto nos había llevado a sucumbir en el insulto y a punto había estado de provocar un daño mayor si no hubiese salido de casa camino de la confesión. La voz que había en el confesionario, profunda, convincente, me avisó de las pocas posibilidades de recuperar a mi hijo, y que éste caería para siempre en desgracia al casar con esa mujer. La muerte era la única solución a tamaño despropósito, pues es preferible antes de la deshonra… Su voz, era tan convincente que el enorme sacrificio no suponía problema alguno, sino un alivio para mi corazón, y aún a sabiendas de lo duro de la decisión, seguí el consejo dado por el sacerdote y partí de la Catedral hacia el fatal destino para mi hijo, buscando la salvación de su alma.El Cabildo confirmó que aquella mañana ningún sacerdote había confesado junto a la Puerta del Perdón. Los alguaciles encontraron a los testigos que vieron salir a Don Ángel y que confirmaron que ninguna persona había estado en el viejo confesionario. En lo que sí coincidieron todos por separado fue en el intenso olor a azufre que se desprendía del interior del confesionario…Poco después, en Toledo corrió la noticia de que el mismo Satanás, vestido de sacerdote, había tomado confesión y convencido a Don Ángel de Arellano para asesinar a su hijo, buscando acabar con su bondad y el nuevo amor que había surgido, y de paso condenando el alma del padre para toda la eternidad.La Catedral quitó el confesionario en el que supuestamente había tomado confesión el Diablo, y muchos toledanos tardaron en volver a la Catedral a confesar sus pecados… Cuenta la leyenda que desde entonces, nadie toma confesión cerca de la Puerta del Perdón,allí le habían llevado.



Los ojos de Doña Luz



El duro Sol de verano cae a plomo sobre las calles de Toledo. Don Pedro Moraleda empuja el portón del Mesón del Sevillano huyendo de los traicioneros rayos que asolan el empedrado toledano. Se sienta, pide un refrigerio y escucha las conversaciones cercanas, como otras tantas veces.
De inmediato percibe que la parroquia se encuentra inquieta,  no porque el vino esté aguado, como es habitual. Un grupo y otro no cesan de comentar la extraña situación de doña Luz… Algunos afirmaban que sus ojos tenían un color especial por obra del Maligno; otros pensaban que era debido al agua de cierta fuente maldita de la que había  bebido; otros tantos achacaban el extraño brillo de sus ojos a brujerías, y alguno pensaba que Doña Luz era buena cristina y nada de lo comentado era posible. Puede ser que doña Luz sea el propio Lucifer -añadió una mujer ya de cierta edad, santiguándose después de hablar.
Pues os puedo asegurar que yo la encontré ayer al salir de misa ya había en sus ojos un brillo tan extraño, que al pasar a su lado tuve que santiguarme del miedo que me produjo, y además dejaba un perfume muy extraño, comentó también cierto mozo. ¡Supersticiones todas! -exclamó un joven que había escuchado todo. Son unos ojos bellos, y nada más… A la gente os gusta mucho hablar.
Publicidad Escuchado todo esto, y ya con el reconfortante calor del vino en el estómago, Don Pedro decide participar en la conversación, en tono jocoso pues poco creía en estas supersticiones: Pues no será por falta de nariz.
Todos rieron la ocurrencia mientras despedían a Don Pedro que abandonaba la estancia…
Camino de su casa, en el callejón de Córdova, Don Pedro sigue inquieto por todo lo acontecido en el Mesón del Sevillano, e intrigado por los ojos de la dama. Al llegar, un criado le entrega una carta que había llegado a su nombre poco antes, en la que vio escrito con fina letra el nombre de doña Luz. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y abriendo la carta pudo leer:
Si sois tan valiente como curioso, y tan decidido como arrogante, os espero al sonar las once frente a la puerta que mira al río de la iglesia de San Sebastián; si venís os descifraré el misterio de mis ojos". Aquella misiva lo inquietó sobremanera. ¿Cómo había dado con él doña Luz? ¿Cómo conocía su curiosidad? Quedaban pocas horas para la cita, y decidió acudir en busca de un buen amigo y no ir solo a la cita, pues pensaba que alguien del Mesón le estaba jugando una pesada broma.
A los pocos minutos recorrían en silencio las calles y plazas que conducían a la iglesia de San Sebastián. Al llegar a la Plaza de Santa Isabel, oscura ya como el luto, cerca del palacio del Rey Don Pedro, pudieron observar brevemente algo extraño y sobrenatural que brilló en la penumbra de la plaza: un destello rojizo que se tradujo en un escalofrío fugaz en los dos hombres. Fue una luz inquietante y misteriosa, pero tan breve que apenas pudieron precisar dónde la vieron exactamente.
Siguieron su  camino y se aproximaban a la Iglesia cuando la campana de la catedral dio las once. Muy poco después don Pedro y su amigo se encontraban en la puerta de la iglesia, frente a los ojos de doña Luz.
Un día claro y de nuevo caluroso amanece en Toledo. A las pocas horas todo Toledo conoce la noticia: doña Luz, se había vuelto completamente loca; un joven hombre había sido encontrado sin vida en la puerta de la Iglesia de San Sebastián, con el rostro completamente desencajado, como si hubiese visto al mismísimo Lucifer.
¿Y don Pedro Moraleda y Téllez de Burguillos?, se había quedado ciego, y como si de un demente se tratara, no cesaba de repetir
 Luz, luz ¡mis ojos!, apagadla…
En el Mesón del Sevillano todo sigue como ayer. Los corrillos comentan lo sucedido anoche, con no poco temor. Hoy llaman a doña Luz “la de los ojos de sangre”, y la consideran una bruja.
Otros decían que había hechizado a don Pedro, al que había dejado ciego para que jamás viera el color verdadero de sus ojos. Para otros, todo era tan sencillo como que doña Luz estaba poseída por el demonio, y el poder de Satanás había causado la tragedia de la noche anterior, en la oscuridad calurosa de las Carreras de San Sebastián, mirando al otro lado del Tajo, donde las sombras se multiplican en la negrura nocturna.





18 jun. 2018

Mariquilla la Pelona



¿De dónde iban a sacar tal cantidad?
Frecuentaba su casa un buen amigo de la familia, perteneciente al gremio de los escuderos, de nombre Maese Palomo, quien amaba en silencio a Mariquita, pero incapaz de reconocer su amor vivía con la angustia de que, cualquier día, Mariquita daría el sí a otro hombre. Su timidez le impedía confesar sus amores.
Una tarde que se encontraba de visita en casa de la familia, anunció que había muerto una tía del corregidor, y que era preciso encontrar doncellas honradas que quisieran portar el féretro, recibiendo por ello un ducado, y se preguntaba si Mariquita estaría dispuesta. A todos pareció bien la propuesta y nuestra joven se encaminó al lugar indicado para vestir el hábito blanco, la faja y la corona ceñida en su hermosa cabellera.
En la procesión que portaba el cuerpo de la difunta, la mujer del Corregidor se fijó en la espléndida melena de Mariquita, ya que debido a unas fiebres había perdido todo su pelo, quedando totalmente calva. Harta de llevar pañuelos y sombreros, finalizado el acto pidió a su marido que hablara con ella y ofreciera cualquier cantidad de dinero a Mariquita para conseguir su hermoso pelo.
A la mañana siguiente, el Corregidor se acercó hasta la casa de nuestra doncella ofreciendo 100 maravedíes si aceptaba cortarse todo su pelo y ofrecérselo trenzado. Mucho extrañó esto a Mariquita, pues la cantidad ofrecida no era escasa, y seguro que estaría dispuesto a pagar mucho más.
De esta manera, Mariquita fue exigiendo sumas mayores, que el Corregidor aceptaba, alcanzando la cifra que necesitaba para curar a su padre de ¡quinientos maravedíes!
Así pues, con mucho dolor, emplazó al corregidor al día siguiente para recoger su cabellera trenzada, y nada más salir tan importante personaje corrió a coger unas tijeras y comenzó a cortar su pelo…
Una vez hubo finalizado, con lágrimas en los ojos, se acercó a un espejo y con más miedo que otra cosa, posó su mirada en él, apareciendo una imagen desconocida: la suya sin nada de pelo, siendo tan fuerte su dolor que inmediatamente se colocó un pañuelo para cubrir su calvicie, y cogiendo a su padre por el brazo, lo llevó hasta el médico para que iniciara la cura, prometiéndole que a la mañana siguiente tendría su dinero.
Todo salí como debía. El Corregidor pagó el dinero acordado. El médico, tras cobrar la cantidad finalizó el tratamiento y sanó al enfermo, y en pocos días, viendo tan apenada a Mariquita, el maestro escudero, pidió la mano a nuestra doncella, incluso calva, con el consentimiento del padre que veía en Maese Palomo un hombre generoso y de buen corazón.
Cuenta la leyenda que, tantas buenas circunstancias se juntaron que, Mariquita decidió a partir de ese día, y en recuerdo de estos sucesos, se le apodara como Mariquita la pelona, porque nunca más dejaría crecer su cabello, símbolo de lo superficial, sino que se dedicaría a buscar la belleza en el interior de la personas.

Garavito, el monstruo que asesinó a 172 niños.












Cuando rondaba los treinta y cinco años, decidió someterse a tratamiento psiquiátrico en el Seguro Social. Lo recibió durante cinco años y si bien no le ayudó a corregirse, el certificado médico de tratamiento le sirvió varias veces para impedir que le despidieran por violento. Cada día su comportamiento era menos sociable y le resultaba imposible mantener un empleo formal. A mediados de los noventa comenzó a recorrer el país como vendedor ambulante. Vendía estampas religiosas con la imagen del Papa Juan Pablo II y del Niño del 20 de Julio, uno de los más venerados en Colombia.
En esos años dejó un reguero de telegramas a sus mujeres y a algunos amigos. Eran mensajes cortos, sobre la fecha en que llegaría a algún sitio o indicando que se encontraba bien. De vez en cuando volvía a su casa. Con las dos mujeres con las que convivió mantenía una relación compleja, como marido y protector, pero nunca como amante. A Garavito le gustaban los niños y era muy cariñoso con ellos. Pero al alcoholizarse su violencia afloraba y se convertía en un monstruo. Golpeaba a las dos mujeres con las que convivió en diferentes momentos, pero, curiosamente, nunca le pegó a los dos hijos que cada una de ellas tenía, y que eran fruto de otras relaciones. Sobre eso, Garavito alguna vez escribió:
Siempre desde niño tuve muchas frustraciones, todo me salía mal, yo fui un hombre bueno, sufría y me daba mucho dolor cuando los demás sufrían. Había algo que me acontecía, no sé, que repasaba era algo extraño que me obligaba a ser esto y embriagarme y cuando volvía a mi estado normal yo sufría terriblemente porque yo a nadie le podía contar qué era lo que me pasaba, que era algo extraño y terrible; mas nunca me metí con los hijos de mis amigos y de la gente que era buena conmigo, yo los respetaba, antes los aconsejaba al bien, los veía como si fueran mis propios hijos, mas la señora que compartió el techo conmigo al hijo de ella yo lo quería como si fuese un hijo mío, nunca lo irrespeté ni con mi pensamiento.
Llegó a recorrer cinco veces todo el país, viajaba sin rumbo fijo. Visitó sesenta y nueve municipios, en treinta y tres de los cuáles cometería sus crímenes. Llegó a inventar dos Fundaciones, una para ancianos y otra para menores, que le permitían dar charlas en escuelas y en otros lugares en donde podía estar cerca de niños. También empezó su afición por los disfraces. En repetidas ocasiones se hizo pasar por vendedor ambulante, monje, indigente, discapacitado y representante de fundaciones ficticias en favor de niños y ancianos. Usaba además sobrenombres y alias; era conocido como Alfredo Salazar, El Loco, Tribilín, Conflicto y El Cura. A lo largo de su vida, el aspecto físico de Garavito fue siempre cambiante. En 1992 inició su carrera criminal. Su modus operandi era siempre el mismo. Primero recorría el lugar e identificaba su objetivo. Escogía campesinos, escolares, trabajadores. Le gustaba que fueran agradables físicamente. Garavito abordaba a los niños que llamaban su atención en parques infantiles, canchas deportivas, terminales de autobuses, mercados y barrios marginales.
Sus objetivos eran chicos de entre seis y dieciséis años, de bajo nivel socioeconómico. Tras entablar conversación con ellos, les ofrecía dinero y los invitaba a caminar. Cuando los niños se cansaban, Garavito se bebía una botella de alguna bebida alcohólica, casi siempre brandy, y una vez alcoholizado, atacaba a los niños en sitios despoblados Primero los amarraba; una vez hecho esto, se dedicaba a golpearlos: les pateaba el estómago, el pecho, la espalda y la cara; les rompía las manos a pisotones; les daba puñetazos en los riñones; y les saltaba encima para romperles las costillas. Luego sacaba un cuchillo y un desatornillador, y los mutilaba. Amputaba dedos y manos, sacaba ojos, cercenaba orejas. A otros, además, los violaba. Una vez terminado el tratamiento, los degollaba con un cuchillo. Luego sacaba una libreta y anotaba: fecha, lugar y rayitas; una raya por cada niño muerto. En su casa, que ya sólo utilizaba de guarida, escondía los recortes de periódicos que hablaban de los niños que desaparecían, las pesquisas policiales que nunca lograban desvelar lo ocurrido y el drama de las familias. También un calendario de pared o almanaque, donde iba señalando las fechas de sus crímenes. Garavito fue sumando cadáveres. Tan sólo en 1997, la policía encontró treinta y seis cadáveres putrefactos de niños en las afueras de la ciudad de Pereira. Sólo en ese momento se abrió una investigación. Las explicaciones policiales indicaban varias líneas: sectas satánicas, tráfico de órganos y prostitución infantil. Unas de sus víctimas fueron los gemelos Tascón, a quienes torturó, violó y asesinó juntos, de la misma manera.
.El 23 de junio de 1998 aparecieron tres cadáveres más en Génova. Durante la investigación y por casualidad, se supo que en otra zona del país se había enviado una orden de captura contra Luis Alfredo Garavito Cubillos, por la violación y muerte de un niño a quién le había cortado la cabeza y cercenado el pene, que luego introdujo en la boca del cadáver.
.Meses después, se descubrieron doce osamentas de niños a las afueras de Villavicencio; uno de ellos había sido decapitado. Días más tarde se encontraron nuevos cuerpos: pertenecían a nueve niños, de edades comprendidas entre los siete y los dieciséis años. El 22 de abril de 1999, en la plaza Centauros de Villavicencio, Garavito se dirigió a un chico llamado John Iván. Cuando estuvo cerca de él, le mostró un cuchillo, obligándolo a subir con él a un taxi. Siguiendo sus órdenes, el niño hizo el trayecto en el taxi en completo silencio, hasta llegar a las afueras de la ciudad. Se apearon en un lugar despoblado y solitario. Garavito llevó al niño detrás de una alambrada; obligó a John Iván a quitarse la ropa, lo ató y lo hizo caminar hasta que el cansancio no le permitió continuar. Entonces intentó violarlo, pero en ese momento se le desató el nudo del pañuelo que cubría su boca y comenzó a gritar. Otro niño que escucho los gritos de John Iván se acercó para ayudarlo. Garavito, al ser descubierto, desató a John Iván para ir a esconderse en el bosque, pero esté consiguió escapar. Los dos niños corrieron y consiguieron huir. Otro niño que consiguió salvarse después de ser agredido sexualmente por Garavito fue Brand Fernery Bernal. Los testimonios de John Iván y de Brand Fernery serían claves para la condena de Garavito. El 24 de junio de 1998, los cuerpos de tres niños de nueve, doce y trece años fueron hallados sin vida en la finca La Merced, en Génova (Quindío), con evidentes signos de tortura y desmembración de las extremidades. Los menores fueron vistos por última vez cinco días antes en el parque central del municipio, en compañía de un adulto, quien al parecer les ofreció dinero para que lo ayudaran a buscar una res en las fincas cercanas a Génova. Este caso inició una alarmante ola de desapariciones de niños en más de once departamentos de Colombia. A raíz de ello, se creó una Comisión Especial de Investigadores de la Fiscalía General de la Nación.
En un comienzo se orientó la investigación hacia la prostitución infantil, el satanismo, el tráfico de órganos y la pedofilia.Con base en un cruce de información entre la policía de Tunja, Armenia y Pereira, se logró establecer que los casos de desaparición de menores en esas ciudades guardaban similitud, ante lo que se conformó un álbum con fotografías de veinticinco posibles sospechosos.
Asesinatos similares ocurrieron en los departamentos del Meta, Cundinamarca, Antioquia, Quindío, Caldas, Valle del Cauca, Huila, Cauca, Caquetá y Nariño. En julio de 1999 se celebró una reunión cumbre en Pereira, con todos los investigadores, fiscales y equipos científicos comprometidos con cada uno de los casos. En la mayoría de las escenas de los crímenes de niños se hallaron elementos comunes: fibras sintéticas de ataduras, bolsas plásticas, botellas y tapas de bebidas alcohólicas.El hallazgo de las osamentas, en su mayoría completamente deterioradas y fragmentadas, complicó las labores de identificación de las víctimas y exigió un cotejo genético que proporcionara resultados exactos. En ocasiones, sólo se encontraban un fémur, un cráneo, o huesos mezclados pertenecientes a distintos cuerpos humanos en el lugar donde Garavito enterró a sus víctimas.
La primera tarea del entonces recién creado Laboratorio de Genética Forense de la Fiscalía General de la Nación, fue la de realizar un estudio de identificación especializada, con base en muestras de sangre y restos óseos, de las supuestas víctimas de Luis Alfredo Garavito. El Laboratorio inició sus labores en 1999, precisamente a raíz del caso Garavito. Gracias al cotejo genético se logró la identificación de algunas víctimas: Juan David Marín Vélez, su hermano Jeison David Vélez, Carlos Andrés Zapata Giraldo, Jairo Andrés Marulanda, Oscar Adrián Grisales y Jonnatan Quirama Uchima Otros noventa y tres niños han sido identificados por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, mientras que ochenta y dos cuerpos permanecen como No identificados.
Mediante el cruce de información entre los diferentes equipos investigativos, se estableció que una de las fotografías del álbum con el nombre de Bonifacio Morera Lizcano correspondía a Luis Alfredo Garavito Cubillos,. Mediante el cruce de información entre los diferentes equipos policiales, se estableció que una de las fotografías del álbum con el nombre de “Bonifacio Morera Lizcano” correspondía en realidad a Luis Alfredo Garavito Cubillos, persona sobre quien pesaba una orden de captura de la Fiscalía 17 Especializada de Tunja por el homicidio de un niño de 12 años de edad.
El 22 de abril de 1999, miembros del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía capturaron in fraganti a Garavito en Villavicencio, en los momentos en que intentaba agredir sexualmente a un menor. Pese a que Garavito dio un nombre falso, la policía lo identificó gracias a sus huellas digitales. Lo interrogaron durante horas; cuando se vio acorralado por el fiscal que le interrogaba, Luis Alfredo Garavito cayó de rodillas, soltó el llanto, pidió perdón por lo que había hecho y dijo que iba a confesar.
Sacó su pequeña libreta negra y detalló, uno a uno, todos sus crímenes. Por ejemplo, el ocho de junio de 1996, en Tunja, había una raya. Esa anotación correspondía a Ronald Delgado Quintero, una de sus víctimas. La libreta ayudaba a Garavito a recordar a los muertos; era el recuento de sus andanzas. Cuatro de los asesinatos los había cometido en Ecuador.
Confesó ser el responsable no sólo de la muerte del menor hallado en Tunja, sino también de los tres niños de Génova y lo peor: de otros 172 crímenes cometidos contra niños y adolescentes en once departamentos del país y en el extranjero, entre 1992 y 1998. Garavito se convertía así en el segundo asesino en serie más prolífico de la historia contemporánea. Sobre uno de sus crímenes declaró:
“Yo no veía la forma de yo salirme de esto tan terrible, es algo que yo no sé explicar, mas nunca pensé hacerle daño a Ronald Delgado Quintero; lamentablemente se apareció cuando yo estaba bajo ese estado; y a las circunstancias como lo maté me vengo a enterar cómo fue que quedó el cuerpo”.
Garavito fue juzgado por 172 asesinatos. Era la primera vez que un asesino en serie sudamericano acumulaba tantos cargos de homicidio. De todos ellos, Garavito recibió 138 fallos condenatorios; 32 casos quedaron pendientes, uno en apelación y uno esperando sentencia. La suma de las condenas era de 1.853 años y nueve días. En una entrevista concedida al periodista Guillermo Prieto Larrotta Pirry y transmitida por el canal Colombiano RCN el 11 de junio de 2006, Garavito negó haber violado a sus víctimas; en este mismo trabajo periodístico dicho asesino aseguraba que había cometido los crímenes por supuestas órdenes del diablo. Anunciaba además que había sido ordenado Pastor de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia (Iglesia Unitaria) y que aspiraba, algún día, a tener una curul en el Congreso de Colombia… ¡para defender los derechos de los niños!
La pena máxima en Colombia es de 60 años, y por colaborar en la recuperación de los cuerpos y por buena conducta le disminuirían la condena a 12-16 años.
A raíz de este caso, se adelantó una propuesta para convocar a un referendo de enmienda a la constitución colombiana para permitir la instauración de la cadena perpetua para violadores, secuestradores e infanticidas. Garavito estuvo a punto de ser puesto en libertad en 2010, pero la presión de la opinión pública a raíz de la entrevista que le hizo “Pirry” logró que se abriera un nuevo proceso por otro crimen, lo que dio como resultado una condena de veintitrés años más. Al saberlo, Garavito intentó suicidarse golpeándose la cabeza contra las rejas de su celda. En la actualidad Garavito está recluido en el Penal de Máxima Seguridad de Valledupar, en el norte de Colombia, una de las cárceles más seguras del país. Dado que es un infanticida, se encuentra aislado de la población carcelaria y goza de atenciones especiales, entre ellas el derecho a utilizar el teléfono hasta por cuatro horas, siendo que los demás reos sólo pueden hacerlo veinte minutos. Esto lo ha logrado manipulando a la administración del penal con sus repetidos intentos de suicidio. Actualmente tiene el dudoso honor de ser el segundo asesino en serie de los últimos 20 años, con más victimas de la historias  tras violar, torturar y asesinar a 172 niños.


15 jun. 2018

El “Parque de los Niños Muertos” en Alabama



Uno de los temas más interesantes de la parapsicología se refiere a los ecos que perviven en nuestro mundo de quienes alguna vez estuvieran vivos: aquello que algunos llaman fantasmas, otros espectros, y otros espíritus. Tradicionalmente se relata que este, nuestro mundo, no es hogar para los muertos, y que quienes perviven aquí después de su deceso tienen algún asunto pendiente, sufrieron una muerte particularmente horrible o, en general, se encuentran atados por alguna razón a esta realidad. Es por esto que áreas vinculadas a accidentes trágicos o eventos inhumanos suelen estar plagadas de leyendas de este tipo.
Pero también lo están los cementerios, en los que todas las historias  buenas o malas, cerradas o inconclusas  se unen. Hoy hablaremos del Parque de los Niños Muertos, en Alabama Estados Unidos, del que se dice es visitado todas las noches por los espíritus de los niños que se encuentran en el cementerio de las cercanías. El parque se encuentra en la ciudad de Huntsville del estado norteamericano de Alabama junto al cementerio de Maple Hill el cual se fundó en 1822 y ocupa un área de poco más de 40 hectáreas. En el día es un lugar bastante pacífico, visitado regularmente por niños que, con sus padres, se encuentran en el cementerio saludando a sus antepasados. En la noche, sin embargo, toma un aire un tanto más… siniestro.
Son muchos los visitantes nocturnos en particular aquellos que se quedan hasta poco después del alba visitando sus familiares los que relatan historias… peculiares, por así decirlo, de este lugar. Desde columpios que comienzan a moverse y chirriar de manera aparentemente espontánea hasta ecos de risas en los resbaladeros, el parque parece convertirse en el hogar de presencias cuya naturaleza no está del todo clara. Los relatos son abundantes y afirman que la mayor parte de la actividad ocurre entre las 10 de la noche y las 3 de la mañana, y que suelen incluir además de lo antes mencionado súbitas columnas de polvo levantándose, como si alguien cayera al suelo, ecos distantes en los metales, cantos infantiles y en ocasiones voces de adultos. La aparición de orbes es común en las fotografías que se toman en esta área. En el año 2007 la alcaldía de Huntsville quizás precisamente debido a los contantes relatos tomó la polémica decisión de demoler el parque. La labor se hizo con gran eficiencia, de una noche para otra, pero las personas no estuvieron nada contentas y las protestas hicieron que hubiese que reconstruir el parque que, por lo demás, muchas familias visitan los fines de semana. Aunque corrieron algunos rumores sobre supuestos vínculos entre los hechos paranormales y el cierre, estos jamás fueron confirmados por la administración.
En cualquier caso, el asunto no impidió que el lugar siguiera siendo hogar de eventos extraños, y en el 2008 la Asociación Paranormal de Alabama le prestó una visita esperando encontrar pruebas de lo que allí sucedía. De acuerdo con sus registros, en el lugar se encontraron con voces, sonidos y movimientos extraños en una noche sin viento: muchas fuentes aseguran que tomaron una fotografía del lugar donde uno de ellos escuchó una voz y se toparon con una figura difusa, sin embargo, no pude encontrar la fotografía en la página oficial de la asociación. En cualquier caso, el lugar es bastante conocido en Estados Unidos y presenta constante actividad paranormal. Quizás todo se deba a una supuesta masacre infantil ocurrida allí en los 1960’s… o quizás sea que los niños del cementerio, por alguna razón, quieren salir a jugar más de lo ordinario

14 jun. 2018

La pandemia de gripe de 1918.



La Primera Guerra mundial mató a 21 millones de personas en cuatro años, la gripe A de 1918 hizo lo mismo en los primeros cuatro meses. Se calcula que la gripe de 1918 mató entre 50 y 100 millones de personas por todo el mundo. La cifra es tan imprecisa por darse la epidemia durante los años finales de la Primera Guerra Mundial, 1918- 1919, la falta de información y el silencio que se pretendía guardar. La mal llamada “gripe española” fue una cepa letal de la gripe común, denominada gripe A, Influenza virus A o  H1N1. Se la denominó española, porque España fue el único país que reconoció he hizo pública la epidemia, por lo que se la consideró el epicentro de la misma. Lo cierto es que el paciente cero fue registrado en Kansas el 11 de marzo de 1918. Como España no participó en la primera gran guerra, no tuvo ningún inconveniente en mencionar la existencia de una epidemia mortal. Los otros países involucrados en la guerra temían desmoralizar a la población si hablaban de las víctimas.
Comenzó como una versión más severa de la gripe común, aparte de los dolores de garganta, dolores de cabeza y fiebre habituales, en muchos pacientes, pero la enfermedad progresó rápidamente en algo mucho peor, mutó, sólo la quinta parte de los infectados tuvieron síntomas leves, el resto cayó gravemente enfermo y muchos murieron, algunos en cuestión de horas, otros aguantaron algunos días. Sufrían escalofríos y fatiga extrema que a menudo iban acompañadas de líquido en los pulmones, agravado con neumonía bacteriana. Un médico que trató a las personas infectadas describió una escena lúgubre: “Las caras se vuelven de un tono azulado, una tos trae a colación el esputo manchado de sangre por la mañana, los cadáveres se apilan alrededor de la morgue como leña..”
No había cura posible, todo lo que  los médicos podían hacer era tratar que los pacientes se mantuvieran en reposo, que era un buen truco ya que sus pulmones llenos de líquido no los ahogarían tan rápidamente, incluso alguno, muy pocos, sobrevivían. Pero alargar el tiempo de agonía tiene un inconveniente, el  “tono azulado” de las caras de las víctimas con el tiempo se volvió marrón o púrpura y sus pies se volvieron negros. Los más afortunados simplemente se ahogaron en sus propios pulmones. Los desafortunados morían de neumonía bacteriana, una infección secundaria para la que no había antibióticos, y de haberlos no serían efectivos. La gripe era esencialmente incurable.
Lo más curioso de esta gripe es que afectaba con mayor saña a los adultos jóvenes, de entre 20 a 40 años, y en menor medida en niños y ancianos, incluso habiendo un familiar infectado en la casa. Existen tres hipótesis sobre el origen de esta epidemia mundial. Se sabe que la H1N1 o gripe A es una variante de la H5N1 o gripe aviar, las aves no pueden transmitir el virus a los humanos, pero sí a los cerdos, y la gripe porcina sí se transmite a los humanos. Como el primer individuo enfermó en Kansas, se sospecha que el origen estuvo en una epidemia de gripe porcina en USA. Los primeros contagiados fueron los soldados de un destacamento de Kansas. En marzo de 1918, varios cientos de soldados enfermaron en Fort Riley, Kansas. Al menos 50 murieron, pero el resto de la compañía (decenas de miles de personas) fue enviado a Europa, y al parecer se llevaron la gripe junto con ellos. Debido al silencio de los medios, es difícil estar seguro de que éste fuera el primer brote.
Otra hipótesis apunta a que la gripe comenzó en el HimPor si la gripe asesina no fuera poco con que atacara una vez, tuvo tres brotes. El primero en el primer invierno de 1918, la segunda ola atacó a finales del verano y principios del segundo invierno de 1918, y la tercera en la primavera de 1919. Las calles y los centros públicos quedaron desiertos, por consejo de las autoridades sanitarias; se cerraron escuelas, iglesias, hasta los transportes quedaron sin usuarios y la gente caminaba por la calle con mascarilla o tapándose la cara. Los muertos se amontonaban y había que enterrarlos en grandes fosas comunes aunque sus familiares los reclamaran. Al menos se conoce un intento de desarrollar una vacuna  Un grupo de doctores se desplazó a la prisión militar de la isla Deer, en el puerto de Boston, con la intención de experimentar con los presos. Se garantizó la libertad para el preso que superara la gripe. Se ofrecieron 300 voluntarios, de los cuales los doctores eligieron a 62 Como medio de contagio inyectaban a los sujetos tejido pulmones infestado de los fallecidos, luego se les rociaban los ojos, la nariz y la boca con aerosoles infecciosos. Si no enfermaban, se les aplicaba en la garganta secreciones tomadas directamente de los enfermos y los moribundos, o se pedía a un enfermo que les tosiera en la cara. Ninguno enfermó. Lo que no sabían los médicos era que en ese penal ya hubo un brote de gripe, y los presos que quedaban eran los supervivientes, por lo tanto estaban inmunizados. Ninguno enfermó, pero los doctores no pudieron conseguir su vacuna porque murieron todos. Fueron los únicos contagiados. El influenza virus A, Al igual que el B y el C, se diferencian de la gripe común por su genoma. Éste está formado por seis o siete filamentos de ARN Ácido Ribonucleico inverso o negativo,  no necesita de ARN mensajero (ARNm) para codificar las cadenas de proteínas, porque para traducirse directamente a una proteína una cadena de ARN viral negativa necesita del ARNm, normalmente, pero el influenza virus transporta transcriptasas dentro del virión, por lo que no necesita ARNm. Una cadena de ARN de sentido negativo tiene que ser convertido a ARN de sentido positivo por la enzima ARN polimerasa, y entonces actúa como un ARNm, por medio de la transcripción negativo-positivo, estos virus pueden prescindir del ARNm. El genoma de tipo A codifica 11 proteínas, las más importantes son dos, la HA Hemaglutinina y la NA Neuraminidasa, dan lugar a la nomenclatura H N según su respuesta frente a los antígenos.
En 2005 se reconstruyó la cadena de ARN del virus, a partir de las muestras recogidas en soldados muertos y congelados. Esto no fue muy bien visto por la comunidad científica, pero argumentaron que había que conocer al enemigo. Los virus pandémicos de la gripe presentan una amenaza significativa para la salud pública mundial. En un estudio realizado en 2005  informan de notables similitudes entre los genes de la polimerasa del virus de la gripe que causó la pandemia  de 1918 (H1N1) y las de los virus de la gripe aviar (H5N1).El virus reconstruido de la gripe del 18 mata a los ratones más rápido que cualquier otro virus de la gripe hasta ahora probado. Se han descubierto varias cepas potencialmente mortíferas de gripe A (existen la gripe B y la C, pero no son potencialmente mortales), la H1N1, H3N2, H3N3, H5N1, H5N5  y H1N2, cerdos y aves son portadores.
La variante de gripe A H1N1 que atacó en 2009, procedía de una mutación de una cepa humana, dos aviares y dos porcinas, fue agresiva, pero no tan peligrosa como su abuela del 18. Un dato curioso es que no atacó a los descendientes de inmunizados de la primera, aunque pasaran 90 años. La variante de gripe aviar H5N5 fue una de las más fuertes de la historia, conocida como gripe asiática.
Como anécdota, recuerdo la historia que me contaba mi abuela de los años de gripe, ella tenía apenas 10 años cuando la gripe A mató a mi bisabuela, su madre. Recordaba que siempre iba con la cara tapada por un pañuelo, y se enfadaba con su hermano pequeño porque se quitaba el pañuelo, así que se lo ataba fuerte.  Esa costumbre se quedó tan arraigada, que a mi me daba tres vueltas de bufanda y me la ataba con dos lazadas en invierno para evitar catarros, a parte de su manía de desinfectarlo todo con alcohol. Hasta el café.
Las subclases B y C de gripe son menos agresivos. La gripe B afecta a humanos y focas, y la C a humanos, sobre todo niños, y cerdos.
ala ya, de Asia pasó a Europa, y de aquí a África y América, debido a la movilidad humana, el despliegue de tropas, los vuelos transoceánicos, la gente que huye de la guerra… Pero no hay una fecha exacta sobre el brote Himalayo.






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