8 nov. 2018

El misterioso asesinato de la fulana Verdier que lleva un siglo bajo investigación


El jueves 13 de junio de 1907, sobre las dos de la tarde, un grito desgarrador que reclamaba auxilio voló por el cielo madrileño desde el balcón del piso tercero izquierda del número 15 y 17 de la calle de los Tudescos, cerca de la plaza de Callao. Vicenta Verdier, mujer morena, de regular estatura y no muy delgada, yacía sobre un gran charco de sangre con la cabeza casi separada del tronco. A sus pies, el único testigo sin voz de los hechos: su perra «Nena». Los periódicos de la época, enseguida dieron cuenta de este «misterioso crimen» que mantuvo en jaque a las autoridades madrileñas durante décadas y del que todavía, un siglo después, se desconoce su autor.
A Vicenta Verdier, natural de Zaragoza, le gustaba andar de cafés en cafés, siempre de la mano de distintos hombres. Los días siguientes a su asesinato, la Policía recibió un sinfín de anónimos que remitían a las idas y venidas de Verdier una casa de citas. En las páginas de ABC publicaron la lista de hallazgos insólitos con los que se toparon en el piso del crimen: ropas de varón, y un reloj, e incluso un libro pornográfico ilustrado.
Tan conocido y tan ruidoso fue el crimen como el fracaso de la Policía para dar captura al homicida. El inspector D. Francisco Cara Blanca escribía, cinco años después del asesinato, un telegrama anunciando la noticia: «Tengo la satisfacción de poner en conocimiento que ha sido detenido un individuo de buen porte, que dijo llamarse Salustiano Fernández Morales, soltero, de 32 años y natural de Menorca. Desde su llegada a la capital era vigilado porque, a pesar de haberse alojado en uno de los mejores hoteles, se dedicaba a pedir dinero, especialmente a los médicos, fingiéndose farmacéutico de Piedrahita. Una vez detenido e interrogado para averiguar sus antecedentes y la causa de su venida a León, terminó confesando ser el autor del asesinato de Vicenta Verdier».

Salustiano fue propietario de una casa de mala nota donde Vicenta vivía. «Había sido empleado de Gobernación con poco sueldo, jugador y amigo de amoríos poco románticos», tal y como le describieron las crónicas de ABC de la época. En su espontánea declaración también reconocido que había logrado dar esquinazo a la Policía porque tras perpetrar el crimen había partido rumbo a América, y que después huyó a Santander, Bilbao, San Sebastián y, por último, León, donde fue capturado.
El día de su declaración ante el Juzgado, Salustiano relató que el día de autos

del crimen estuvo con su víctima en el Café Pombo y que, por celos, riñeron. Después se marcharon a la casa de la mujer, donde se produjo ya reyerta. Exasperado por los celos, la increpó de forma brusca, y en medio de la bronca la mató usando la navaja barbera que había en la mesa de noche.
5 sospechosos fugaces
Lo cierto es que Salustiano, que en realidad se llamaba José González, no duró como sospechoso más de una semana. Muchos fueron los personajes curiosos que desfilaron por la comisaría como presuntos autores del crimen.
La primera fue la señora Romillo, esposa de un señor que hacía más de una década había mantenido supuestas relaciones con la Verdier y que tuvo la mala idea de pasarse, en las horas posteriores al crimen, por la calle Tudescos en dirección a Jacometrezo. Después, se detuvo a su marido, en una tragicomedia que acabó con dos policías expulsados por intentar falsificar pruebas y hacer chantajes para acusarle.
En 1913 se detendría a Luis Miguel Rosales, un cordobés que jamás había pisado suelo madrileño. En 1927, Antonio Pérez de la Cuesta, que residía en Estados Unidos, donde se hacía llamar Eddy Ponsshon y estaba vinculado al Ku Kux Klan, se declaró culpable. Un loco más para la colección. Han pasado hoy más de cien años y nadie, aún, ha pagado por el asesinato de la fulana Verdier.

25 oct. 2018

CRÓNICA NEGRA DE UN PUEBLO



Unos meses antes de que el caso prescribiera en 2009, Macastre volvió a ser escenario de otro tétrico hallazgo. En un paraje agreste próximo a un área residencial, a unos 10 kilómetros del casco urbano, una alimaña extrajo una pierna. Era el cuerpo desnudo de una joven asesinada a golpes, a la que le habían aplastado la cabeza. La inaccesibilidad del terrero hizo pensar que, quien la sepultó, conocía perfectamente el emplazamiento. Un trozo de sujetador condujo a la identificación de la víctima. Se trataba de Leidy V. M., una colombiana de 17 años, que había desaparecido de una población próxima.Algo similar había ocurrido a principios de 2001 cuando un trabajador revisaba los contadores de luz en unas viviendas de dicha localidad. De pronto halló una bolsa de plástico en cuyo interior había un cráneo y varios huesos más. El estudio forense determinó que habían sido cortados con una sierra u otra herramienta de parecidas características. Otra muerte sin aclarar.  Empezó a hablarse de un descuartizador. Incluso de un asesino en serie, dados los crímenes ocurridos por allí. Todo un puzle sangriento.El nombre de esta localidad valenciana está escrito con letras mayúsculas en la historia negra de España. Un pequeño municipio de unos 800 habitantes en la época que sucedieron dichos sucesos. El alcalde de entonces, Vicente Romero, que rigió su destino durante 20 años, se lamenta de la situación: “El pueblo se encuentra molesto porque nos sacan en la tele cuando pasa algo malo. Lógicamente tienen que acordarse de estos hechos que no están cerrados. Ya nos gustaría que alguien explicase lo que ocurrió aquí. Y que todo el mundo se quedara tranquilo”.El balance de los años 1988 y 1989 fue aterrador. Además de las tres víctimas citadas, en la Comunidad Valenciana desaparecieron otras chicas de edad similar y de las que no se ha vuelto a saber nada.

24 oct. 2018

Yéremi Vargas: Una década sin encontrar al culpable



Diez años se ha mantenido abierto el caso de Yéremi Vargas, que tenía diez años en el momento de su desaparición en Vecindario (Gran Canaria) el 10 de marzo de 2007. El pasado 27 de octubre, el juez que llevaba el caso decretó que se archivase el sumario y puso fin al procedimiento en contra Antonio Ortega, conocido como El Rubio, al entender que no existe ningún indicio que le implique a él ni a ninguna otra persona en el suceso.
Ortega fue detenido en julio de 2016 como principal sospechoso del secuestro y la muerte del pequeño después de que El Rubio hubiese alardeado ante otros presos de saber qué le había pasado a Yéremi. Sin embargo, el juez afirma que esto no deja de ser “meras afirmaciones” y que las diligencias que se practicaron tras el interrogatorio de Ortega no han confirmado dichas acusaciones.
Durante los diez años de investigación han aparecido varias hipótesis que han resultado ser falsas. En algunos momentos se pensó que alguien de una vivienda cercana pudiese haber raptado al pequeño, o también que se tratase de un caso de tráfico de órganos, hasta llego a barajarse que tres pederastas escoceses que estuvieron en la isla cuando el niño desapareció tuvieran relación con el caso. Sin embargo, por el momento, el suceso sigue siendo una incógnita.

Sin detenidos en el caso de la viuda del presidente de la CAM

Viernes, 9 de diciembre de 2016. Un empleado del concesionario Novocar en Alicante encuentra el cuerpo de María del Carmen Martínez, de 72 años, junto a su coche, un Porsche Cayenne. La mujer había recibido dos disparos a quemarropa en la cabeza. Martínez era la viuda Vicente Salas, quien había sido presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) y una conocida figura de la alta sociedad alicantina. Según la policía, el arma homicida fue una pistola de principios del siglo XX con balas modificadas artesanalmente. Sin embargo, el revólver aún no ha sido hallado.
El único sospechoso del asesinato es Miguel López, uno de los yernos de la fallecida, que regentaba el concesionario propiedad de la familia donde se encontró el cuerpo de la mujer. La hipótesis policial sostiene que López ensayó el asesinato de su suegra cuatro días antes en el mismo lugar donde pensaba tirotearla. Pretendía evitar así que la matriarca cediese a su primogénito, Vicente Jesús Sala, el control de Samar Internacional SL, una multinacional del sector del plástico que era la más importante de las empresas del grupo familiar.
López sigue en libertad aunque se mantiene abierta la investigación por asesinato y tenencia ilícita de armas. El sospechoso pasó 39 días en prisión preventiva, pero fue excarcelado tras pagar una fianza de 150.000 euros. Un año después del suceso, el caso sigue todavía en fase de instrucción. La investigación policial aporta una veintena de indicios incriminatorios en contra de López, pero ninguna prueba directa.

Doble crimen en el pantano de Susqueda


Paula Mas y Marc Hernández, de 21 y 23 años, se disponían el pasado 24 de agosto a hacer una excursión en kayak por el pantano de Susqueda (Girona). Para ir eligieron el Opel Sa
A los pocos días de la desaparición, el 27 de agosto, un grupo de motoristas encontró el kayak de la pareja semihundido, con tres grandes piedras en el interior. Al día siguiente, el coche de la joven apareció sumergido en el pantano. El vehículo tenía una piedra en el pedal para que se hundiera. Un mes después, el 26 de septiembre, los Mossos encontraban el cadáver de Paula Mas atrapado entre las rocas, y a unos metros el de Marc Hernández, que llevaba una mochila repleta de rocas. Los dos estaban desnudos y presentaban signos de violencia. Llevaban 33 días desaparecidos.
La hipótesis principal de la investigación es que los jóvenes se encontraron probablemente con unos desconocidos, que los mataron y arrojaron al embalse cargados de piedras para intentar que los cuerpos de la pareja no llegaran a encontrarse.

phira de ella, al ser más grande, ya que planeaban dormir en el vehículo. Sobre las dos o tres de la tarde, pararon en el restaurante La Parada del Pasteral en Cellera de Ter donde preguntaron a su dueña, cómo se llegaba al pantano. Nunca más se volvió a saber de ellos. 

23 oct. 2018

ACAMPADA MORTAL



Un pastor se sorprendió al ver que su cabaña, donde guardaba los aperos, había sido forzada. Una vez en el interior halló el cadáver de una chica. Al tiempo, a 400 metros de distancia, apareció otro correspondiente a un muchacho. Y después, en un arroyo, un occiso de otra joven a la que le faltaban un pie y una mano.
Existían huellas de una cuarta persona en la caseta y alrededores. Alguien que probablemente los condujo hasta allí. Y que, por supuesto, conocía esa sierra escarpada y traicionera.
Las autopsias no fueron concluyentes y las pesquisas incompletas, por falta de medios de aquella época, lo que condujo a conclusiones dispares. Entre las hipótesis que circularon se habló de que la muerte de Rosario pudo ser por inmersión en agua dulce. Un líquido sanguinolento en sus orificios nasales así parecía señalarlo.
La Policía se inclinaba más por una intoxicación de algún veneno poco conocido que no dejara rastro alguno en el cuerpo. Quizá beleño, lo que provocó una intoxicación mortal de la pareja de novios. La otra chica huyó despavorida ante tales visiones angustiosas.
Circuló otra teoría según la cual Rosario y Francisco habrían sufrido una muerte lenta en la que se les habría obligado a tomar drogas, mientras que Pilar habría sido descuartizada posteriormente.
El cuerpo mutilado de ésta fue lo que creó mayores dudas. Aunque había quienes achacaban tal carnicería a animales carroñeros, el Instituto Nacional de Toxicología confirmó los resultados del primer informe realizado en la clínica forense de Valencia: la pierna de la chica fue cercenada con una sierra mecánica. El cadáver había sido desmembrado, seccionándole un pie y una mano.
Jornadas después de tan extrañas muertes apareció una mano, al parecer de mujer, sobre un banco situado junto a una marquesina de una parada de autobuses en Valencia. Al día siguiente una señora encontró un pie amputado, supuestamente de Pilar, en el interior de un contenedor de basuras en la calle Alcàsser, también en la capital valenciana. Había sido cortado unos seis centímetros por encima del tobillo.
Hubo una llamada a Protección Civil comunicando que habían visto arrojar un bulto grande en donde apareció dicho resto humano. El anónimo denunciante facilitó incluso el nombre del sospechoso, que fue detenido e interrogado por la Guardia Civil. Negó cualquier relación con las extrañas muertes y quedó en libertad por falta de pruebas.
El hecho de que las víctimas fueran hijos de familias humildes y desestructuradas contribuyó a que el caso no tuviera el eco periodístico necesario y se fue diluyendo en el olvido con el paso del tiempo. Los padres no pudieron conseguir que se realizaran después nuevas autopsias y análisis de ADN. Resultaba más fácil echarle la culpa al consumo de plantas alucinógenas, pese a que los médicos no detectaron rastros de estupefacientes en sus organismos. Faltó presión social y mediática para darle una vuelta de tuerca a la investigación.
Los hechos se remontan a inicios de 1989. Francisco Valeriano Flores, de 14 años, su novia Rosario Gayete Moedra, de 15, y su amiga Pilar Ruiz Barriga, de la misma edad, salieron de excursión al monte de Catadau, en Valencia. Llevaban una tienda de campaña con la intención de hacer camping. Nadie volvió a verlos.
Cinco días más tarde se descubrió en su cobertizo el primero de los cuerpos. Estaba tumbado sobre la cama y no mostraba signos de violencia. El pastor creyó que la chica estaba dormida, por lo que la tocó con un pie. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que no se movía.
Tras el funesto hallazgo cundió la alarma y se emprendió una intensa batida por el bosque sin resultado alguno. Casi a los tres meses otro vecino, que andaba buscando espárragos, encontró en las proximidades al adolescente, en avanzado estado de descomposición. Estaba boca abajo, entre unos arbustos, y parecía haberse desplomado. Presentaba aspecto de muerte natural. 
A finales de mayo dieron con los restos de Pilar. Estaba a nueve kilómetros del lugar de los hechos. Yacía en una pequeña acequia, junto al río Magro, en el término municipal de Turís. Tenía la cara desfigurada, por lo que sus familiares no pudieron reconocerla. Había sido cuarteada y le faltaban un par de extremidades.
Las investigaciones se incrementaron ante lo que parecía un crimen múltiple. El chaval guardaba en el bolsillo el billete de autobús para llegar hasta Catadau. Terminaron su mortal viaje 30 kilómetros más adelante, en Macastre. La tienda de campaña estaba sin montar, ni siquiera sacada de su funda. Con el frío y el temporal debieron preferir resguardarse en una cabaña. Existían huellas de una cuarta persona en la caseta y alrededores. Alguien que probablemente los condujo hasta allí. Y que, por supuesto, conocía esa sierra escarpada y traicionera.
Las autopsias no fueron concluyentes y las pesquisas incompletas, por falta de medios de aquella época, lo que condujo a conclusiones dispares. Entre las hipótesis que circularon se habló de que la muerte de Rosario pudo ser por inmersión en agua dulce. Un líquido sanguinolento en sus orificios nasales así parecía señalarlo.
La Policía se inclinaba más por una intoxicación de algún veneno poco conocido que no dejara rastro alguno en el cuerpo. Quizá beleño, lo que provocó una intoxicación mortal de la pareja de novios. La otra chica huyó despavorida ante tales visiones angustiosas.
Circuló otra teoría según la cual Rosario y Francisco habrían sufrido una muerte lenta en la que se les habría obligado a tomar drogas, mientras que Pilar habría sido descuartizada posteriormente.
El cuerpo mutilado de ésta fue lo que creó mayores dudas. Aunque había quienes achacaban tal carnicería a animales carroñeros, el Instituto Nacional

20 oct. 2018

Los pies de la Columbia Británica


En 2007, la costa del estrecho de Georgia, en la Columbia Británica canadiense, empezó a recibir unos extraños visitantes: pies humanos. Las extremidades llegaban a la orilla separadas del cuerpo, pertenecían tanto a hombres como a mujeres y estaban dentro de zapatillas o zapatos variados, sin que se encontrara nada más a su alrededor.
En los siguientes tres años aparecieron unos doce pies en la zona, incluidos cuatro en el estado de Washington, ya en Estados Unidos, sin que se pudiera encontrar una explicación. Se especuló con que pertenecían a víctimas del tsunami que arrasó el Sudeste asiático de 2004, arrastradas por las corrientes marinas, o que sus dueños habían sido asesinados por un psicópata. Al final, en 2012, el forense de la Columbia Británica afirmó haber identificado a varias de las víctimas, que se habían suicidado tirándose desde un puente sobre el río Fraser en Vancouver.

13 oct. 2018

El caso Taman Shud


Este último mes, Internet ha estado obsesionada con 'Making a murderer', una docuserie de Netflix sobre el caso de Steven Avery, condenado por el asesinato de Teresa Halbach en 2005. La serie sostiene que hay dudas sobre la culpabilidad de Avery, y si éstas pudieran concretarse, eso querría decir que la muerte de Halbach estaría aún sin resolver.
De todos modos, hay un hombre cumpliendo condena por ese asesinato, así que no es exactamente un caso sin resolver. No obstante, hay unos cuantos misterios que merecen su propio documental, casos que no pudieron cerrarse en su momento y que, en algunas ocasiones, no han sido tratados por el cine ni la televisión. Y no, la desaparición de la mujer de Robert Durst, contada en 'The Jinx', parece ya resuelta. A los lectores de Stephen King, este caso puede recordarles a su novela corta 'Colorado Kid', pues arranca con la aparición de un hombre muerto en la playa de Somerton, cerca de Adelaida Australia
Meses después, se descubrió que ese papel pertenecía a un libro de poemas, 'Rubaiyat', de Omar Khayam, que apareció en el asiento trasero del coche de un hombre que no estaba relacionado con el difunto y en cuya última página alguien había escrito un montón de letras que parecían formar parte de algún código. Pero nunca se ha conseguido confirmar si lo eran, o quién era aquel hombre de la playa de Somerton. Las investigaciones dieron más vueltas, llegándose a hipotetizar que la víctima era un espía, pero sin resultar en nada concreto.

, el 1 de diciembre de 1948. Iba vestido y en sus bolsillos llevaba un billete de tren sin usar, un billete de autobús, chicle, un peine, cigarrillos y un pedazo de papel en el que aparecía la expresión "tamám shud", que en farsi quiere decir algo parecido a "terminado". No llevaba nada encima que pudiera identificarlo.

12 oct. 2018

La leyendade hada Pressina y el reyElinas






No hacía mucho tiempo que el rey Elinas de Albania, tierras que hoy conocemos como Escocia, se había quedado viudo. Consolaba desde entonces su tristeza cazando en soledad sin albergar esperanzas de encontrar el amor de nuevo. Cierto día ocurrió que se acercó a una fuente para beber y allí encontró a una bella mujer que entonaba un canto igual de bello. Su nombre era Pressina y resultó ser un hada. El rey se enamoró en ese mismo instante de ella y le pidió matrimonio. Ella aceptó con una única condición: “No has de visitarme cuando esté dando a luz”, le dijo a su futuro esposo.
El rey y el hada se casaron y pasado un tiempo llegó el momento tener descendencia. De un solo parto nacieron tres hijas a las que luego llamarían Melusina, Melior y Palatina.
Pero sucedió que fue tan grande la alegría del rey que, olvidando la condición impuesta, entró en los aposentos de su reina justo en el momento en el que bañaba a sus recién llegadas hijas. Pressina enfurecida desapareció llevándose consigo a los bebés y se escondió en una isla desde la cual podía verse Albania. No quería olvidar la traición de su esposo ni que sus hijas crecieran sin saber que por culpa de su padre la felicidad familiar ya no formaba parte de sus vidas.
Como era de esperar, Melusina y sus hermanas odiaron a su padre en cuanto tuvieron uso de razón y planificaron su venganza en secreto. Habían ya cumplido quince años cuando finalmente secuestraron al rey y lo encerraron en lo más alto de la montaña Brandelois.
Pero la reacción de su madre no fue la que esperaban cuando, eufóricas, le contaron lo que habían hecho. Pressina montó en cólera y se enfadó sobre todo con Melusina, a la que consideró principal responsable, y la convirtió de cintura para abajo en serpiente condenándola además a vagar así por el mundo hasta que algún hombre quisiera casarse con ella bajo la condición de que no habrían de verse nunca en sábado.
Lo que ocurrió después con Melusina es otra historia.

8 oct. 2018

El Arroyo de la Degollada



Transcurrían los primeros días desde que Toledo fue reconquistada por el ejército de Alfonso VI, cuando sus calles eran continuamente patrulladas por soldados y jinetes. La misión que tenían encomendada era la de vigilar los lugares más recónditos de Toledo para evitar cualquier posible intento de rebelión de los musulmanes, así como controlar los núcleos judíos y mozárabes, que no inspiraban confianza a los nuevos amos de la ciudad. Entre los que patrullaban aquellos días se hallaba don Rodrigo de Lara, un caballero que había destacado en la conquista de la ciudad tanto por su valor como por el respeto mostrado hacia los derrotados. Con una juventud insultante, y una admirada templanza, recorría las calles a lomos de su caballo con porte orgulloso y decidido.
Un día, en los alrededores de donde hoy se levanta la iglesia de San Cipriano, alzó la vista hacia un ajimez y quedó gratamente sorprendido por la presencia en él de una hermosa y joven morita que se asomaba fijando su mirada en el joven guerrero. Prendado de tan bella visión no tardó el enamorado caballero en volver a pasar una y otra vez bajo aquel ajimez. Desde aquel momento no cesó nuestro seducido protagonista de rondar por aquel callejón, atraído por aquella joven musulmana, hasta lograr que una noche, a través de la celosía, le dijera su nombre y le diera una cita para el día siguiente, y así poder hablar a salvo de miradas indiscretas. Con el tiempo las reuniones entre Rodrigo y Zahira, que así se llamaba la sarracena en cuestión, fueron haciéndose más frecuentes, a la vez que en sus corazones iba floreciendo un amor intenso y puro. Pero su credo religioso era diferente, y aquello parecía un obstáculo insalvable para manifestar en público sus sentimientos.
No sufras, Rodrigo decía Zahira, pues cuando era niña una esclava me habló de las bondades de la religión del Crucificado, y en mi mente brotó la idea de abrazar el cristianismo.
Rodrigo, tan confuso como ilusionado, contestó:Parece que el Señor me ha elegido para acercarte a Él, hermosa Zahira.
Estoy segura de ello, y como prueba de ello te pido que a partir de hoy me llames Casilda. Como aquella santa de mi linaje que tanto padecimiento alivió a los prisioneros que sufrían en los calabozos de su padre.
¿Estás segura de cuanto me estás diciendo? insistió el joven caballero-.
Tan segura como que te amo. Por ti soy capaz de hacer cualquier cosa siempre y cuando no atente contra mi honra. Incluso llegaría a perder la vida por Cristo o por ti. Rodrigo, ¿me juras que respetarás mi honor si huyo contigo?.
Te doy mi palabra de caballero cristiano, querida Casilda.
Pues no queda nada por hablar. Hagamos los preparativos para la evasión.
Y decidido esto comenzaron a proyectar los planes de huida para llevar a cabo sus sueños. El plan era extremadamente sencillo; escaparían hasta el cercano castillo de San Servando, y allí un sacerdote ya prevenido bautizaría a la musulmana para después unirlos en cristiano matrimonio.
No tuvieron que esperar mucho los jóvenes para desarrollar el ansiado proyecto, pues al día siguiente las circunstancias parecían presentarse propicias con la partida del padre de ella a tierras del sur. Rodrigo fue a buscar a Zahira, quien ya hacía buen rato que aguardaba con impaciencia en la puerta de su casa oculta tras amplios ropajes. La joven montó a la grupa del caballo asiéndose a la cintura del caballero, que espoleando a su corcel le hizo emprender veloz galope hacia el puente de Alcántara. Cuando se aproximaban al torreón escucharon una voz que se dirigía a ellos:
¡Alto ahí!. ¿Quién va? –preguntó el centinela, que era quien les hablaba-.
¡Dejad paso al capitán Rodrigo de Lara!.
El vigilante, que le reconoció al instante, dejó paso libre a la pareja mientras en lo alto del torreón se escuchaban las voces de los soldados que mantenían animada charla. La pareja continuó su marcha dirigiendo su andadura hacia el cercano castillo de San Servando, pero cuando estaban a punto de llegar se presentaron ante ellos dos jinetes musulmanes que escondidos por aquellos montes se dedicaban al saqueo de los viandantes. Cerrándoles el paso, y con sus alfanjes en alto, gritaron:
¡Detente donde estás, cristiano, y aligera el peso de tu caballo dándonos tu dinero y todo lo de valor que portes!.
Y dándose cuenta enseguida de que la acompañante de Rodrigo era musulmana, y sospechando que se trataba de un rapto, gritaron con rabia:
¡Maldito cristiano!. ¡Suelta inmediatamente a esa mujer que llevas presa o este mismo será el lugar de tu muerte!.
A lo que Rodrigo contestó:
¡Antes la muerte que ver a mi amada en vuestras sucias manos!.
Y clavándole las espuelas a su corcel emprendió veloz huida a rienda suelta por el camino que rodea al valle toledano perseguido por los dos moros. Viéndose Rodrigo acorralado por sus perseguidores opta por lanzarse por un terraplén que desembocaba en el cauce de un pequeño arroyo, pero no había llegado a éste cuando un salvaje golpe de alfanje alcanzó el cuello de la joven amada, que cayó del caballo exhalando un débil lamento. El cristiano, cegado por la furia, se revuelve rápidamente, y con su afilado acero logra enviar con pocos golpes a sus agresores junto a Satanás. Angustiado se aproxima a su amada, que yacía en el suelo mostrando todavía signos de vida. Pero la herida es mortal, y Rodrigo comprende que serían inútiles todos sus esfuerzos por salvarla. Sin dudarlo se quita el yelmo, toma agua del cercano arroyo, y vertiéndola sobre la cabeza de su agonizante amada exclama:
Cúmplase tu voluntad, amada Casilda. Mi corazón sufre por tu pérdida, pero mi alma se alegra por tu próxima reunión con Cristo. Ruégale por mi alma, que yo le suplicaré que nos permita volver a encontrarnos. Duerme, Casilda. Duerme el sueño de los bienaventurados.
Y tras recibir el bautismo, el alma de la inocente niña abandonó aquel joven cuerpo para gozar del sueño eterno. El desdichado amante, tras llorar desconsoladamente sobre el cuerpo sin vida de su amada, acude al puente de Alcántara pidiendo auxilio a los soldados. Éstos ayudaron a Rodrigo a llevar el cadáver de la joven mora a la cercana iglesia de San Lucas, donde al día siguiente recibió cristiana sepultura como era su deseo.
Todavía estaba fresco el recuerdo de este suceso cuando en el monasterio cluniense de San Servando recibía hábito de novicio Rodrigo de Lara, que recibió autorización de sus superiores para acudir todos los atardeceres a rezar en el lugar donde bautizó a Casilda, junto al arroyo que desde entonces es conocido en Toledo con el nombre de “El arroyo de la Degollada”.
Sobre Relato de Manuel Castaños
Acerca del Arroyo de la Degollada, y del Cerro del Bu, existen leyendas menos conocidas, pero no por ello menos ciertas o de menor encanto.
Lo cierto es que desde tiempos antiguos corre de boca en boca cierta noticia sobre un fraile que se arrojó desde el mencionado cerro tras haber degollado a una mujer junto al arroyo de funesto nombre. Y aunque nunca se supo el motivo del macabro suceso, siempre se creyó que el fraile puso fin violentamente a la vida de la mujer a la que amaba, aquella que no correspondía sus sentimientos, acabando luego con la suya propia. Tal conjetura se acentuó por la circunstancia de haber encontrado los dos cadáveres muy próximos, con signos que delataban con clara evidencia todo lo sucedido.
Tal vez este sea el motivo por el que el arroyo sea conocido con el nombre de la Degollada, mientras que el Cerro del Bu también es llamado “El Salto del Fraile”.



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