20 jun 2018

El Alfaquí



La convivencia de “tres culturas” en Toledo no fue tan fácil como algunos intentan hacernos ver… Como en otras ocasiones hemos narrado en estas mismas páginas, las leyendas son el reflejo de las tensiones entre los pueblos que poblaban la ciudad y no siempre de forma negativa, como observamos en “El Alfaquí” de Toledo.La noche de los tiempos cubre con su manto las crónicas que los historiadores mantienen sobre Toledo. El tiempo todo lo intenta ocultar, o trastocar, o interpretar a la manera que los hombres, siglo tras siglo, lo transmiten.Es tradición en Toledo que hacia 1086, cuando Alfonso VI penetró los muros toledanos, tras sitio de la ciudad y posterior acuerdo con los regentes musulmanes que dominaban estas tierras, permitió que el culto de éstos permaneciera en la ciudad, con el respeto firmado por ambos a la “mezquita aljama”, anteriormente recinto cristiano levantado por los Visigodos y modificado por los invasores musulmanes como su recinto sagrado más importante en Toledo y futura catedral toledana. Una noche en la que el monarca se encontraba fuera de la ciudad, cuenta la leyenda que la Reina Constanza y el arzobispo Bernardo, ignorando la voluntad soberana violentaron el templo árabe llevando a numerosos partidarios a derribar las puertas del templo y colocar una campana en su alminar, así como un altar, dando así por sagrado para el culto cristiano el templo que hasta ese momento servía como mezquita mayor de Toledo.Ante la burla del poder real, Alfonso VI lo tuvo en gran agravio, condenando a muerte a numerosos participantes en la tropelía, si bien su ira fue calmada, según las crónicas, por los propios musulmanes, a cuya cabeza figuraba uno de los principales caudillos, el alfaquí Abu-Walid, que solicitó el perdón real para todos los asaltantes y aceptó la consagración cristiana de la mezquita.Este hecho, que no figura realmente en ninguna crónica que lo haga verídico, y que se ha transmitido como leyenda verbal durante siglos hasta llegar a nosotros, es complejo que se produjera. Cierto es que en la época de la “reconquista” de Toledo subsistieran numerosos musulmanes que permanecerían en la ciudad como mudéjares, respetando muy posiblemente el culto que éstos profesaban. Ya en los “Anales toledanos primeros”, hacia el 1159, se narra cómo los cristianos se apoderaron de la iglesia de San Salvador, que “era de moros”. Pero también es cierto que, dados los tiempos que corrían, es muy posible que Alfonso VI, una vez conquistado Toledo, bien por la fuerza o por la capitulación, tendiera a recuperar de forma inmediata la que conocían por la tradición había sido la iglesia mayor de sus antepasados visigóticos.Sobre esta consagración forzosa de la mezquita mayor toledana, que narra la leyenda, en la catedral toledana, en su capilla mayor (poste central del lado de la Epístola) se puede observar una supuesta imagen de Abu-Walid, una talla de la efigie de este personaje, como recuerdo y gratitud hacia este hecho narrado. Aunque algunos no ven más que la imagen de un sacerdote de aspecto musulmán“Alfaquí”  “Doctor o sabio de la ley entre los musulmanes”Imagen: estatua ecuestre dedicada a Alfonso VI en una de las principales entradas a la ciudad, con mayor o menor fortuna, según el punto de vista del que la mire…

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