10 jul. 2018

Todo por una reliquia de San Isidro


Dicen que tras morir lo normal es recibir un descanso eterno. Algo que no podrá decir nunca San Isidro, después de todos los percances que ha tenido que sufrir su cadáver después de fallecer en el año 1172. Desde que el Patrón de Madrid cerrase los ojos por última vez su cuerpo se vio siempre envuelto en un sinfín de disparatadas situaciones todas con un mismo objetivo, contagiarse de las propiedades milagrosas y curativas que se le atribuyeron en vida. Mutilaciones, idas y venidas de su cadáver… ¡Incluso un rey pidió que le llevaran los restos del santo al dormitorio para así venerarlo desde la cama! La verdad que el pobre San Isidro ha tenido que soportar unos cuantos despropósitos pero creo que ninguno tan repugnante como el que cometió una dama de la Corte, allá por el siglo XV.
Según ha llegado a nuestros días, se encontraba Isabel la Católica en Madrid de visita por Madrid así que decidió ir a conocer los restos incorruptos de ese afamado Isidro al que tantos milagros se le atribuían y que tanta devoción despertaba.  Por entonces, las reliquias del buen Isidro estaban cotizadísimas así que, durante el besa pies que se celebró con motivo de la regia visita, una de las damas de la corte… ¿Sabéis lo que hizo? Pues, en el momento de besar los pies, de forma disimulada y aprovechando que nadie le miraba ¡De un mordisco le arrancó el dedo gordo del pie derecho al santo! Reliquia conseguida, aunque me imagino que el sabor que se le tuvo que quedar en la boca, tuvo que ser inolvidable.
Pero con lo que no contaba esta despiadada devota era con que nada se escapa del control de Isidro. Apunta la tradición oral que cuando el carruaje en el que iba esta mujer iba a cruzar el puente que salvaba el Río Manzanares, algo hizo que los caballos que tiraban del carro se paralizasen y detuviese la huida de la ladrona con el dedo de Isidro. Por más intentos que hubo de reanudar la marcha, los caballos no se movieron ni un centímetro. No hasta que la dama confesó, ante el estupor de sus acompañantes, el repugnante robo. Con el dedo ya a buen recaudo, el carro retomó su marcha en dirección a Toledo.
Desconocemos cuál fue el destino que le aguardó a aquella mujer y si sufrió algún tipo de castigo. El dedo gordo le fue devuelto al Santo. Guardado en una bolsita y colgado al cuello de patrón de la Villa pero ¿Sabéis qué? Al tiempo fue robado y esta vez sí, nunca nadie supo qué había pasado con él por lo que no sabemos cuál es el paradero actual del dedo. ¡Pobre Isidro!



                                                 

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