25 oct. 2018

CRÓNICA NEGRA DE UN PUEBLO



Unos meses antes de que el caso prescribiera en 2009, Macastre volvió a ser escenario de otro tétrico hallazgo. En un paraje agreste próximo a un área residencial, a unos 10 kilómetros del casco urbano, una alimaña extrajo una pierna. Era el cuerpo desnudo de una joven asesinada a golpes, a la que le habían aplastado la cabeza. La inaccesibilidad del terrero hizo pensar que, quien la sepultó, conocía perfectamente el emplazamiento. Un trozo de sujetador condujo a la identificación de la víctima. Se trataba de Leidy V. M., una colombiana de 17 años, que había desaparecido de una población próxima.Algo similar había ocurrido a principios de 2001 cuando un trabajador revisaba los contadores de luz en unas viviendas de dicha localidad. De pronto halló una bolsa de plástico en cuyo interior había un cráneo y varios huesos más. El estudio forense determinó que habían sido cortados con una sierra u otra herramienta de parecidas características. Otra muerte sin aclarar.  Empezó a hablarse de un descuartizador. Incluso de un asesino en serie, dados los crímenes ocurridos por allí. Todo un puzle sangriento.El nombre de esta localidad valenciana está escrito con letras mayúsculas en la historia negra de España. Un pequeño municipio de unos 800 habitantes en la época que sucedieron dichos sucesos. El alcalde de entonces, Vicente Romero, que rigió su destino durante 20 años, se lamenta de la situación: “El pueblo se encuentra molesto porque nos sacan en la tele cuando pasa algo malo. Lógicamente tienen que acordarse de estos hechos que no están cerrados. Ya nos gustaría que alguien explicase lo que ocurrió aquí. Y que todo el mundo se quedara tranquilo”.El balance de los años 1988 y 1989 fue aterrador. Además de las tres víctimas citadas, en la Comunidad Valenciana desaparecieron otras chicas de edad similar y de las que no se ha vuelto a saber nada.

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