jueves, 26 de enero de 2017

Aldealcardo



Está situado entre los pueblos de San Pedro Manrique y Villar del Río, municipio al que actualmente pertenece. Es un pueblo de origen medieval, que en aquella época pertenecía al partido de Yanguas, que a su vez eran tierras del Marqués de Aguilar. En ese tiempo su principal actividad, al igual que la de todo el partido, era la del transporte de mercancías ya que el rey Alfonso VII eximió a los habitantes de Yanguas de pagar portazgos a la entrada de las ciudades. Otra actividad importante fue la ganadería (sobre todo de ganado ovino y caprino), quedando la agricultura en un segundo plano. La desaparición de la Mesta en 1836 asestó un duro golpe a este pueblo ya que perdió los privilegios que tenían los pastores, y después fue decayendo el comercio. Más recientemente el éxodo rural acabó definitivamente con el pueblo.
A finales del S. XVIII hay referencias de que Aldealcardo, en aquel entonces Aldea el Cardo, tenía un barrio anexo llamado Hontálvaro, situado a unos 300 metros y en el que se encuentra la Ermita de San Roque. En 1848 Pascual Madoz ya cambia los nombres de ambos lugares a Aldealcardo y Ontálvaro, y afirma que ambos núcleos juntos tienen una población de 106 habitantes. Después Aldealcardo deja de ser un municipio y pasa a formar parte de La Cuesta, censándose 161 habitantes, y en el censo de 1981 ya aparece como despoblado. Finalmente acabará perteneciendo a Villar del Río.
Las casas están construidas en piedra, por lo que se han conservado relativamente bien. Quedan pocos tejados porque las vigas de madera no han resistido el paso del tiempo, pero los muros siguen en pie. El trazado de las calles es en su mayoría transitable, excepto en algunos puntos donde las zarzas lo han bloqueado por completo.

Lo más llamativo de Aldealcardo es su gran iglesia, sobria en el exterior y mucho más decorada en el interior. Eso hace pensar que tal vez fue ampliada varias veces a lo largo de los siglos, lo que se confirma con las dos capillas añadidas en un lateral.
En una hornacina encontramos unos huesos que podrían haber sido sacados del cercano cementerio, o de algún enterramiento dentro de la propia iglesia. Otro detalle es que en algún momento se cubrieron con yeso las pinturas que decoraban las paredes, y actualmente son visibles a través de los desconchones. La primera de las capillas laterales actualmente se ha derrumbado, mientras que la otra sigue en pie y fue la sacristía. El coro está bien conservado, y desde él se accede al campanario. La escalera de caracol se va deteriorando según asciende, hasta que llega un punto en el que es imposible seguir. Y así termina nuestro recorrido por Aldealcardo. Por desgracia es otro ejemplo de cómo se está perdiendo el patrimonio rural, tanto en lo artístico con su gran iglesia como en lo cultural con la pérdida de antiguos oficios y costumbres.
























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