viernes, 14 de marzo de 2014



El final de la vía verde de Don Quijote que coincide con la Cañada Real Soriana a su paso por Santa Cruz de la Zarza, una de las vías pecuarias de mayor sabor histórico, que en estos parajes de dirige hacia el norte hasta las inmediaciones del casco histórico de la población anteriormente mencionada.
En los alrededores quedan los restos de la Venta de Juan Cano, que mencionara Cervantes en El Quijote. Cuenta además en su proximidad con los restos de la Calzada Romana.
Muy poca información por no decir ninguna, es lo que hemos encontrado de este lugar, por lo que pasaremos a relatar nuestras impresiones.
En primer lugar llegar a este enclave no es nada fácil, seguimos la desmantelada Vía Negrin no sin dificultades ya que en muchos tramos su recorrido ya no existe y en ocasiones ha sido tomada por los campos de labor. No existe cartel alguno que indique la citada vía verde, si bien llegando a sus inmediaciones encontramos un vetusto cartel dando su indicación.
Todo el trabajo previo a su localización lo realizamos con mapas del ejército a escala 1:25.000 los más detallados de la zona. Es una ruta apropiada para uso de vehículos todo terreno, no obstante con el saber de los años y la experiencia en la conducción de los mismos, no atrevimos dada la climatología veraniega, a adentrarnos por estos caminos de Dios en nuestro fantástico Golf del 86, que una vez mas sorprendió por su comportamiento a propios y extraños.
En lo alto de la loma se puede observar una casa de notables dimensiones, con tres alturas, según nos vamos acercando distinguimos a los pies de la misma una serie de puertas que resultaron ser un grupo de viviendas trogloditas, llamadas en la zona quinterías, lugares donde los campesinos de antaño se refugiaban durante la temporada de trabajo para no tener que ir y volver a diario a sus pueblos de origen.
De lo que no cabe duda es que estas construcciones son anteriores a la llamada Venta de Juan Cano y esta fue construida sobre las mismas.
También en uno de sus laterales a unos pocos cientos de metros encontramos un palomar en condiciones de conservación francamente buenas y de tamaño más que notables.
En general tanto las cuevas, como la venta en si están bien conservadas, aunque su abandono es patente, se encuentra lejos de núcleos urbanos y su difícil acceso ayuda a su conservación.
Pasamos gran parte del día para dar con su localización y buscando los mejores ángulos fotográficos para ofreceros este reportaje que pensamos que además de un enclave histórico tiene todo el sabor de los lugares castellanos ya desaparecidos.
No será este el último viaje que realicemos por la zona; ya que según todo parece existe, la posibilidad de descubrir nuevas casas de labranza abandonadas en este lugar olvidado.


































  

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