7 mar 2018

Jaraiz de la Vera



Obispado fue creado por Clemente II el 13 de marzo de 1188, siendo confirmado al año siguiente, dependiendo esta diócesis de Santiago de Compostela. Jaraíz al igual que otros pueblos de La Vera, pasó a formar parte de la tierra de Plasencia, apareciendo hacia el año 1218 como uno de los núcleos más poblados del sexmo, junto con Cuacos y Jarandilla.
Es este primer período de la reconquista en nuestra zona, de gran inestabilidad, demostrándolo el hecho de que en el año 1195, los almohades vuelven a tomar Plasencia tras luchar en la batalla de Alarcos, haciendo continuas razias hacia los pueblos de la sierra, donde las órdenes militares se habían hecho fuertes, como es el caso de los Caballeros Templarios en Jarandilla. En 1196 Alfonso VIII recupera Plasencia, iniciándose la construcción de las murallas para mejor defenderse y refugio tras ellas de los vecinos y habitantes de sus tierras.
En el año 1217 aparece nombrado Jaraíz en un documento de Honorio III refiriéndose a esta población como Safariz. No es hasta finales del siglo XIII que se inicia una gran actividad repobladora con garantías de perdurar. Es también en este siglo, allá por el año 1254, que aparece Jaraíz, junto con Cuacos, Losar y Jarandilla, en un documento de Inocencio IV, como las únicas poblaciones de La Vera que disponían ya de iglesia.
En el "Libro de la Montería" se mencionan la riqueza de los bosques próximos a Jaraíz y de La Vera en general, nombrándolos como propicios para la caza del oso y del jabalí, asimismo habla este libro, de la abundancia de pesca en sus gargantas y arroyos, siendo la trucha la especie más abundante.
Los sexmeros de la Tierra de Plasencia correspondiente a La Vera, entre ellos los de Jaraíz, tenían por costumbre el reunirse para tratar de asuntos de interés común, en la Iglesia de Santa María de Cuacos; sucediéndose en aquellos años numerosos casos y pleitos entre las poblaciones, por derechos sobre tierras y otros conflictos económicos. Como ejemplo, el pleito entre Jaraíz y Torremenga en el año 1431 por el amojonamiento de las dehesas.
En el año 1494 vivían en Jaraíz 500 vecinos, siendo uno de los núcleos más poblados de las tierras de Plasencia. Era también Jaraíz una de las poblaciones donde habitaban mayor número de judíos, que se dedicaron principalmente a operaciones comerciales como la venta de casas y fincas, usura, zapateros, médicos, plateros, sastres, etc... Tuvieron una judería que se encontraba junto a la morería - siervos, redimidos o conversos -, situadas ambas en las calles que dan a las traseras y más cercanas al Ayuntamiento. A partir de entonces la localidad fue desarrollándose hasta que en la época de Carlos V alcanza su máximo esplendor, tanto en el ámbito demográfico como económico, religioso y cultural.




















1 mar 2018

La Muerte


Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.







































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